Re: Navegar Festejando.festejar Navegando.
Amanece el domingo. El día es soleado, de la tormenta de anoche no queda rastro. Afuera se nota que hay viento. Como la previsión era sur-siroco, creo que hoy disfrutaremos a vela.
Tranquilamente nos levantamos, nos aseamos y salimos a almorzar. La tarde anterior vimos un sitio sobre el puerto que, si está abierto, tenía buena pinta. Lo está y almorzamos bien. Bocata tortilla y bocata butifarra, pan tumaca y olé. Cafecito y repostería, mientras leemos dos periódicos, uno frente al otro. Relajados. Esto es vida.
De vuelta hacia el barco pasamos por capitanía, que antes continuaba cerrada. Nos atiende una mujer muy amable, entablamos una agradable conversación . Le pedimos, y los tiene, un par de folletos desplegables con información sobre todos los puertos deportivos de Cataluña. Un pequeño tesoro. Nos devuelve los 50 euros de la fianza, y nos cobra 13. Los baños no estaban muy allá pero, bueno, con ese precio… Rellenamos una pequeña encuesta, y para mi sonrojo, pregunto qué son las coderas. Conste que aprobé el examen, ¿eh?, pero me he acostumbrado a llamarlas muertos. Bueno pues, sin más, vamos hacia el barco.
No vamos a recoger mucho, ya lo haremos en Vilanova. Nos damos protección solar y pienso que debería arrancar el motor para que se vaya calentando mientras hacemos otras cosas.
Oh, oh… Acciono el pulsador y no arranca. A ver, algo he hecho mal. A ver, a ver… el estrangulador está en su sitio… el contacto dado… el desconectador de baterías bien… pulso otra vez. Ni mención. Joder, joder…. Pulso otra vez. ¡Ni mención! Las luces y los instrumentos no bajan de intensidad mientras lo intento, con que no parece la batería. ¡Joder, jodeeeeeer…! A ver, no ponernos nerviosos (eso yo, la Almiranta me mira con cara de circunstancias) Ya está, seguro que es algo sencillo, llamaré al armador y será una chorrada. Le llamo, y no contesta. Insisto,y nada. A ver, tranquilo. El teléfono de la empresa, no estarán pero lo tendrán desviado. Sale un contestador que indica que llame a otro número, que es de otro de los armadores (como todos ellos, buena gente).
A todo esto, el karma a tomar por saco.
Le cuento lo que ocurre y se extraña mucho. Piensa, como yo, que será el motor de arranque. Mientras intento alguna cosa , le pregunto dónde está, y resulta que en el hospital cuidando a su madre, Joder, tío, déjalo, eso es lo primero, ya me arreglaré. Voy a quitar la tapa del motor, donde también están el pulsador y la llave, a ver si veo algo, luego te llamo. Busco si hay alguna conexión floja, toco los contactos en el pulsador y en el motor de arranque. Puenteo los contactos del pulsador con el atornillador, nada. Cierro la tapa, vuelvo a pulsar el contacto… ¡et voilá!
Le vuelvo a llamar para decírselo, y decirle que ante la posibilidad de que vuelva a fallar mi idea es no apagarlo aunque vayamos a vela . Me dice, con razón, que si escoramos el sistema de refrigeración no irá bien y me lo puedo cargar. Que, de todos modos, el viento, que viene fresquito, es de levante total. O sea, de proa. Bueno, cuando salga afuera veré qué hago, pero está claro que el motor no lo pararé si puedo, y que deberé ir adrizado. Le digo que la ida la hicimos a motor y que su socio me dijo que el depósito era suficiente para ir y volver, pero no hay ningún indicador de nivel. Y yo, como santo Tomás, si no lo veo no me fío. Le pido que esté localizable. Po favó.
Bueno, pues con el karma, como ya he dicho,a hacer puñetas, me dispongo a desamarrar. El viento me entra de popa, con que las amarras de proa no hacen nada, las suelto y el muerto (la codera) me sujetará. Nervioso, doy un poco atrás, largo el muerto, espero que se sumerja un poco para no pillarlo y, suavecito, doy atrás, giro la caña … tan suavecito, tan suavecito, que, a lo que me doy cuenta, el viento me empuja contra el muerto del vecino. Pienso qué hacer, rápido. Mi principal miedo es enganchar el muerto con la hélice, con que pongo punto muerto y pido ayuda por radio. Creo que es lo mejor que puedo hacer, y pasar por torpe antes de pasarme de listo. Enseguida vienen dos marineros, y, con otro punto de vista, observan que me he ido contra el muerto pero no estoy enganchado. A todo esto, dos amarres más allá, sale otro barco con tres hombres, sin duda mucho más expertos que yo… ¡y les pasa lo mismo! Solo que son menos humildes e intentan salir sin ayuda, y entonces sí que se enredan bien, han pasado el muerto entre la orza y el timón. Consuela un poco ver que no soy el único torpe del lugar. Los marineros me hacen indicaciones para salir, pero estoy tan nervioso que lo hago todo al revés.
Al fin lo consigo, y enfilo la salida. Ahí afuera parece que me espera movimiento…
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Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
José Antonio Labordeta.
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