No se si es repetido.
Hay dos toros sentados en lo alto de una colina, padre e hijo, y no pierden de vista a una gran manada de vacas que hay abajo, en el valle.
Al rato el hijo no puede aguantarse mas y le dice a su padre:
¡¡Bajemos corriendo y cepillémonos a una vaca!!
A lo que el padre, con la sabiduria que da la experiencia, responde:
Mejor bajemos despacio y nos las cepillamos a todas!!!


Si es que las prisas nunca fueron buenas consejeras.

