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Antiguo 28-05-2012, 12:06
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Navegar Festejando.festejar Navegando.

Pido disculpas por demorarme tanto en esta entrega. Esta vez no ha sido adrede…





Al fin lo consigo, y enfilo la salida. Ahí afuera parece que me espera movimiento…





Según me voy asomando afuera va en aumento mi preocupación. Hay bastante movimiento, y viento , pero de proa. Todo de proa. Maldito Murphy, algún día te atraparé y te colgaré de alguna entena, quizá en tu propio navío.

A ver, decisiones, ya. Está claro que hay que navegar, hay que regresar sí o sí. Bueno, no tan dramático, si el mar estuviese mal de verdad habría que quedarse y buscar alternativas. También está claro que a vela no puede ser. Caso de que realmente fuera capaz de hacerlo, los bordos me retrasarían demasiado. No queda otra que confiar en el motor, que no presenta problemas de funcionamiento, sólo de arranque. Eso sí, habrá que izar la mayor para estabilizar un poco el barco. Lo hacemos con las dificultades propias del viento existente y salgo un poco más afuera para enfilar hacia el faro de Torredembarra. Cuanto más voy saliendo se va perdiendo el poco refugio que nos ofrecía la costa y el movimiento va in crescendo. Bueno, lo dicho. Hacia Torredembarra.

Habrá que poner el piloto automático. El día anterior lo usé por primera vez para descubrir que sí, que llevar la caña en la mano es muy romántico, pero el piloto es muy cómodo. Quito el tapón, conecto el conector y … ¿adivináis? ¡no funciona! Carajo, pues si ayer iba bien. Toco la conexión, la desconecto, la vuelvo a conectar pero … ¡tururú!
¡Ah, Murphy maldito…! Pues nada, toca mentalizarse de que me esperan al menos seis horas de caña a brazo con oleaje.

Conforme hemos ido perdiendo el abrigo de la costa, como os dije, aumentaba el oleaje. De modo que también aumentaba el cabeceo hasta que empezamos a tener pantocazos, lo que se convertiría en la tónica del viaje. Y claro, donde hay pantocazos hay rociones.
El motor lo pongo a unos cuatro nudos, no lo quiero forzar, y cuando “clavamos” un poco en alguna ola baja hasta 3, incluso 2,5 nudos, para volver a coger arrancada. Vemos alguna aleta de peces luna, pero hoy maldita la gracia que me hacen. Sólo quiero ir cubriendo etapas, a saber: llegar al faro de Torredembarra, llegar a la chimenea de Cubelles, llegar a puerto, llegar a Zaragoza, llegar a casa…

Esta vez me importa más bien poco la belleza del paisaje, de hecho voy un poco más alejado de la costa. Tampoco os penséis que mucho, ¿eh?. El viento viene fresquito y yo voy en camiseta, pero no voy a soltar la caña ni para bajar a por ropa. A todo esto la Almiranta, mi campeona, va mucho más tranquila que yo, intentando tranquilizarme a mí. Esta vez no disfruto nada, nada.

En una de las “clavadas” de proa, me quedo mirando cómo el agua entra por proa… y la veo caer al camarote. ¡Mierda, me he dejado la escotilla abierta! Desde que no arrancaba el motor no hice nada como debiera. Las defensas no las he subido, y las amarras de proa no las he recogido. La de babor está sobre cubierta , pero la de estribor se ha caído y la llevo a rastras. Valoro que es corta y no hay peligro de engancharla con la hélice, con que ahí se va a quedar. Creo que ha sido la primera vez que ha entrado agua por la escotilla, pero evidentemente hay que cerrarla y tengo que hacerlo desde fuera. Pongo a la Almiranta a la caña, miro fijamente a las olas que vienen y cuando creo que hay varias pequeñas voy hacia ella aferrándome a todo lo que hay, y en estas veo venir una dos un poco mayores. Tumbado, agarrado con una mano al hueco del tambucho y con la otra al hueco de la propia escotilla, espero el latigazo que , efectivamente, me da el barco. Parece que las siguientes vuelven a ser pequeñas, cierro la escotilla y regreso a la bañera. No voy a bajar a echar los cierres de la escotilla desde dentro, ya sé que quedará una pequeña rendija y puede entrar un poco de agua, pero ya lo ha hecho antes, y lo que hay debajo son los sacos de dormir que absorberán el agua que pueda entrar. Todo esto sin chaleco, inconsciente de mí. Ya os dije que no estoy haciendo nada a estribores, que diga a derechas.

Lentamente, muy lentamente, vamos llegando al faro.
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Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.

José Antonio Labordeta.

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