Los secretos de los antiguos escritorios bureau.
Esta tarde Polen me enseña un pequeño joyero de madera, y me dice, "venga ábrelo".
Yo, que tengo una gran afición a los rompecabezas, con paciencia infinita, o más bien cabezonería, me pongo a ello, analizo la estructura, buscando partes móviles, deslizo una parte del canto, saco una minúscula llave, vuelvo a analizar el joyero, muevo una parte, luego otra y zas, queda al descubierto una cerradura. Abierto. Polen se queda alucinando, y me dice que es la persona que menos tardó en abrirlo.
La verdad que me recordó a los escritorios que teníamos en la casa de veraneo, antiguos, de mis tatarabuelos. Mi padre nos decía que en ellos había un escondite secreto, y nos poníamos a buscar, creo que el único que dedicaba horas a resolverlo era yo, "entre 20 primos".
La situación de hoy me trajo estos recuerdo, y además la intención de poner en el barco un rincón secreto, cuanto más a la vista menos posibilidad de encontrarlo, que era la premisa en esos tiempos.
Recuerdos de la infancia que vienen a la memoria cuando menos te lo esperas.
¿Serán capaces de encontrar "el secreto" los visitantes del barco?
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En paz.
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