Pues a los moralistas que ni se les ocurra poner las noticias, y mucho menos salir a pasear por las calles de Madrid una soleada mañana de sábado, no no, que se pueden encontrar tropecientos ciclistas pornográficos atentando contra la moralidad. Aunque la verdad, eso de llevar los huevecillos colgando al aire sobre el sillín de la bici si da un poco de repelús
