Los que solo podemos disfrutar de nuestro barco los fines de semana sabemos lo que es quedarte colgado en pleno brico porque todo esta cerrado... salvo el chino.
Cerca del varadero, donde habito los ultimos cinco meses, hay dos chinos. Uno que vende cualquier cosa imaginable, salvo 316, y cuyas brochas se despeluchan en mitad de la faena. El otro chino es un supermercado, incluyendo bebidas fresquitas.
La sed que me han quitado durante las largas jornadas de bricos.

Llegues a la hora que llegues el chino te sonrie mientras te cobra, mirando de reojo una telenovela china por internet. Los hijos pululan por sus tiendas donde casi viven.
En fin, a mi me hacen un apaño.
