Pues yo no me había parado a pensarlo. Tal vez porque aún estoy soñando con el día de la jubilación. Me faltan un par de años, gracias a los descuentos por navegación en la mercante, y voy preparando pacientemente mi blindado para ir a dar un largo paseo por el Mediterráneo.
Supongo que el último día transcurrirá sin que yo sepa que lo es. Tendré que ir un lunes de septiembre a ver al médico por cualquier pijada y me dirán aquello de "pero cómo ha tardado tanto en venir, buen hombre" y ya se me quedarán para desguace.
O me harán una oferta irrenunciable por el barco, lo venderé y ya no encontraré el momento de comprar otro porque, al fin, habré encontrado la excusa para hacer unos miles de kilómetros en moto que tengo pendientes tiempo ha.
En todo caso, creo que me quedará un buen sabor de boca. Nunca he ganado un céntimo que no viniese directa o indirectamente de la mar, o sea que se puede decir que le he sido fiel como esposo. Y ella, la verdad, no me ha tratado muy mal. Podría decir aquello tan incorrecto hoy en día de "sólo me pega cuando me lo merezco".
Eso sí: lo nuestro es hasta que la muerte nos separe, y basta. Si hay más vidas, en la próxima seré piloto de avión para volar sobre los mercantes, a mitad de Atlántico, y darles qué pensar sobre la ausencia de maquinistas a bordo.
