No disocio la muerte de la navegación por muy cochambrso que acabe. Espero que cuando mis manos no puedan sujetar un cabo o una escota por falta de pulso y de fuerza y mis piernas se nieguen a subir a bordo por falta de flexibilidad, siga navegando.
Deseo con el mayor ímpetu posible trasladar esta afición a mi hijo y sea él quien entonces tire del cabo o de la escota y me ayude a subir a bordo a pesar de mis flácidas piernas. Que yo siga saboreando la brisa marina, al tiempo que observo cómo mi hijo atiende con firmeza el timón y otea el horizonte.
Entonces, podré morir en paz.
