Hace ya mucho tiempo leí un artículo en una revista en el que, más o menos se venía decir que, si hay algo que hacen bien las orzas de hierro, esto es oxidarse. Al margen del anclaje al casco, por supuesto, el problema es más aparatoso que otra cosa: al final te tienes que hacer a la idea de que forma parte del mantenimiento anual. Puedes lijarlas o chorrearlas hasta que el metal parezca nuevo y luego aplicar epoxi, pero con el tiempo, el óxido, ese enemigo recalcitrante y pesado, acaba por salir. Sanearlas, pues, no es complicado, aunque sí latoso. Pero insisto, hablamos del cuerpo de la orza en sí, no de sus pernos y las posibles grietas o fisuras en su unión con el casco.
