
20-06-2012, 02:45
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Capisol
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Re: Todo lo que siempre quiso saber del Caribe, pero nunca se atrevió a prenguntar.
La hora de la partida:
Pasados unos días en Marina Bahía redonda, llego la hora de regresar a casa. Con los trámites realizados, sacamos el billete de avión; primero Barcelona (de Venezuela)-Caracas y a continuación Caracas-Madrid, con una estancia en el aeropuerto de Maiquetía de, en principio, unas 8 horas.
Me llamó mucho la atención, la cantidad de personas que llevaban chaqueta o cazadora, cuando yo me encontraba asfixiado de calor. Se ve que nos acostumbramos a todo.
El primer vuelo pasó rápido y sin incidentes. Ya en el aeropuerto de Caracas, todo fue bien hasta la hora del embarque. Cuando estábamos pasando por la zona donde se muestran los pasaportes, la megafonía nombró al "Karán Bigotudo", para que fuese "a no se donde". Preguntamos a los empleados de la compañía, que le indicaron a Carlos hacia donde dirigirse. Me dejó su ordenador portátil y se marchó. Yo me quedé junto a la puerta desde donde embarcaríamos, a la espera de que regresase.
Pero el tiempo pasaba y el colega que no volvía. Y yo cada vez más preocupado y este sin volver. Y no paraba de darle vueltas a la cabeza: ¿Y para que lo habrán llamado?; ¿Y si lo detienen?; ¿Y, en caso de detención, que hago yo con el ordenador?. 
Total, que pasado un buen rato (más de una hora, pero que me parecieron diez), lo veo aparecer a lo lejos, con una sonrisa debajo de su mostacho. Le di un abrazo, como si no lo hubiese visto desde la infancia y me contó para que lo habían llamado. Le repasaron una maleta de Ángel, que nos encargó la trajésemos de vuelta, ya que su contenido no lo iba a utilizar y así podría disponer de más espacio para el cruce de este año. Por lo visto la dejaron para el arrastre y su contenido lo revolvieron de mala manera. Esta práctica es habitual en toda las inspecciones que realizan, por lo que es conveniente en estos casos, llevar un equipaje "poco sospechoso" y sin que contenga alimentos, frascos, etc... a fin de no ser susceptibles de investigación.
Llegada la hora de subir a bordo, esta se demora un buen rato. Y luego, tenemos un nuevo y exhaustivo cacheo a todo el personal. Una cola para los señores y otra para las damas, donde unos jóvenes militares realizaban la operación. Pasado este nuevo control, subimos al avión y, a pesar del retraso que ya llevábamos, todavía nos quedamos sin movernos otro buen rato. Al final fueron casi dos horas más de lo inicialmente previsto. Al menos, el avión estaba prácticamente vacío y disfrutamos de un vuelo cómodo (para dormir tomamos los cuatro asientos centrales, varias mantas, almohadas... y a soñar con los angelitos. Además, lo primero que hicieron fue ponernos, por gentiliza de la casa, un cubata de ron, que me supo a gloria.
A primera hora de la mañana del día siguiente, estábamos tomando tierra en Madrid. Tras recoger el equipaje y despedirme del amigo Carlos, vuelta a la estación de Atocha en busca del AVE que me llevaría a casa, donde me encontraría con la dura realidad: la feria de mi pueblo empezaba esa misma noche.
Y es que no salgo de una, cuando me meto en otra.
Un fuerte abrazo a todos. 
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