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Antiguo 21-06-2012, 10:05
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Crimilda Crimilda esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: No podemos permitir que nos pase según qué.

Segundo acto:

Se volvió a Ramón, esta vez menos hosco -¡Ves, Ramón, una buena composición también, objetos impares, sin centrar, interesante diagonal…

El corazón de Ramón trotaba como un caballo infernal mientras el poso espeso de la envidia iba embotando su cerebro. Las malditas células grises se negaban a traerle otra idea que la repetición sin cesar de las anteriores últimas palabras del frustrado y enfermo cuasi genio, “… el rojo de las vestiduras de la cadavérica bailarina de Rops… el rojo … el rojo… de Rops”

“Rops, aquel masón sacrílego, salaz y necrófilo” –las sienes de Ramón palpitaban locamente- ¿A cuál de sus despreciables figuras de mujeres se habría referido aquel tirano insensible con el que llevaba tanto tiempo aprendiendo? Cadavérica… bailarina… ¿será el cuadro que una vez comentó y del que nos trajo una lámina? ¿el de La muerte en el baile? Sí, debe ser ese, no cabe duda. ¿Y se supone que yo debo sentir eso? ¡Asco, es lo que siento!“

Tan ensimismado estaba que apenas oyó lo que el ardiente mentor, que se había alejado unos pasos del caballete de Inés, con la luz del visionario en la mirada, le espetó a la chica con gravedad: - Creo que sabes de sobra que cuando digo movimiento, escuela, corriente, etc, no trato de encasillar el Arte. El Arte es libertad, no puede ser medido, ni acotado, ni tasado, ni siquiera ponerle normas.

“¡Que lo compre quien le entienda!” –pensó Inés que como novata no entendía la evidente paradoja de “esto no es artístico” y “el arte es libre, no se puede encasillar”. No obstante asintió con su mejor sonrisa.

No iba a discutir ella con nadie. Y menos con el gurú que dirigía. Trataría de aprender todo lo que pudiera enseñarle aquel sacerdote del arte, puede que viera alguna vez alguno de sus propios cuadros en el museo. Era la condición sine qua non de los genios. Bien sabía ella que el museo era un lugar sagrado. Estar representado en un museo era como estar en la iglesia. La iglesia del arte. Y para poder ser admitida en ella, ser bautizada, debía aprender y respetar la nueva ortodoxia. Era algo que aquel pobre Ramón nunca entendería. El seguiría aferrado a una religión ya muerta, a una visión del arte abandonada ya hacía mucho tiempo: la formal, la de la copia fiel de la naturaleza. Pobre hombre, era demasiado mayor, las reglas habían dejado de ser formales y, desde luego, universales. Los artistas geniales, los sumos sacerdotes, las creaban y los “filósofos del arte” las consagraban. Pero era el arte por el arte. Esa religión intelectual, arcana, que sólo comprenden bien los genios (curiosamente todavía siempre más hombres que mujeres). ¿El genio nace o se hace? No estaba en absoluto claro. La sociedad, la moda y la economía tenían algo que ver también. La cosa tampoco le era ajena a las demás artes y disciplinas intelectuales que solían colaborar, a veces, estrechamente.

Lo que sí tenía claro, era obvio, es que para llegar a ese estatus tenía que aprender técnica; era esencial, debía seguir una formación académica. Aunque toda academia sea normativa.

Continuará, ya falta poco.
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pero vive como piensas,
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genoves (23-06-2012), Tahleb (22-06-2012)