19 de Junio
Un asunto inesperado nos retrasa la salida.

Aprovechamos para ir a comprar una paletilla de cordero, que pretendo hacer en tajine, y una lechuga para acompañarlo con ensalada. Tenemos un vientecillo de NE muy prometedor.

Mientras se resuelve el asunto preparo la comida en la cocotte y la dejo en el horno para hacerla posteriormente en navegación.
A eso de las 14:00 podemos por fin salir y, mientras estamos desamarrando, el viento cambia súbitamente al ESE.

Moraleja: vamos a tener, para variar, viento de proa hacia nuestro destino.

Salimos y ya en la bocana nos encontramos un mar un tanto confuso; olas de fondo por la aleta de babor y de viento por la amura de la misma banda. Total, coctelera que no nos va a dejar comer tranquilamente mientras navegamos.

Plegamos la mesa de la bañera y picamos algunas cosas mientras discurre el día a motoreta (para variar).
Johny se va a echar la siesta y le tenemos que despertar a las 19:45. Se disculpa diciéndonos que se ha enamorado de la cama del camarote de babor. En fin, locuras del amor maduro.
A las 21:15 llegamos a Genoveses. Hay cuatro barcos. Uno de ellos se asemeja a una galera de las de Colón

(luego colgaré algunas “afotos”) que se balancea de una manera espantosa. El viento había rolado al SW, con lo que estaríamos bien abrigados, pero las olas de fondo nos llegan de NE. Escogemos el sitio, echamos el hierro, tomamos las marcas pertinentes para controlar el posible garreo

y caliento el tajine, que se había ido haciendo despacito mientras navegábamos. Tenemos que comer dentro, porque hace cierto fresquito.
Las “marías” nos agitan de vez en cuando. Va a ser una noche “acunada”. Johny empieza a palidecer y, nada más terminar la cena, sale zumbando a su nuevo amor; la cama de babor.

Enrique y yo terminamos más tranquilamente. Al fin y al cabo estamos más acostumbrados a los balanceos (lo que no quiere decir que estemos exentos de sufrir un mareo, aunque llevemos unos cuantos años sin esa desgracia). Recogemos la mesa y, un poco abrigaditos, salimos a la bañera a echar un pitillito. Largo cinco metros más de cadena (las marcas estaban en su sitio, pero por si acaso) echando un total de veinte metros para un fondo de cinco. Estamos muy bien asegurados. Un rato de charleta y a dormir acunados, eso si, por nuestras queridas “marías”.
Mañana llegaremos a Aguadulce.
