Tremendo el segundo, cuando el niño salta al agua sin que el adulto que estaba junto a él en popa no le ha prohibido hacerlo ni ha avisado al abuelo que lleva el barco que hay alguien en el agua.
El niño, niño es, pero los mayores son unos irresponsables, independientemente de que sepan atracar o no. Es para quitarles el título, el barco y la sonrisa.
