¿Que tal si lo vemos desde más de un punto de vista?
Opción A
1º) Comencemos con el autor de
Aserejé que es nada menos que Manuel Ruiz
Queco Un cantaor y guitarrista excelente (un músico tremendo) Nadie mejor que los andaluces para saber de qué hablo. Sus estudios superiores (Conservatorio Superior de Música de Córdoba) lo habilitaron para secundar, en su momento, nada menos que a:
El Pele,
Juan Villar y
Luis de Córdoba.
Un accidente de tráfico en 1990 lo condicionó como guitarrista y se enfocó en la producción y composición de canciones pop "aflamencadas" .El flamenco, no es una música menor y requiere del arte de improvisar, (con la garganta, la cabeza, el instrumento y el alma) como en el Jazz.
Su canción, Aserejé, vendió 20 millones de placas en todo el mundo y sólo en un año. Es una parodia de la canción Rapper's Delight de Sugarhill Gang.
La melodía de Aserejé no es producto del azar. Es producto del conocimiento de las técnicas de composición ( desarrollos o variantes de una escala cromática, entre otras)
2º) Sigamos con las interpretes: las inefables "Ketchup". Supongo, por el apellido de las hermanitas
Muñoz, que deben de ser hijas o familiares de "
Tomatito" (José Fernández Torres Muñoz) de ahí que se hagan llamar las Ketchup (salsa de tomates)

Al menos, eso se comenta en los pasillos de estas latitudes. Son profesionales de primera línea en su género.
La canción es un muy buen "producto", cosa que no siempre se puede decir, cuando se relaciona la composición a las Industrias Culturales.
Opción B
1º) La mayoría de los elencos (lamento la expresión generalizada) de música "culta", son entes estatales, o reciben subsidios de los estados a los que representan o para quienes trabajan. En otras palabras, los estados invierten parte del dinero de los contribuyentes en "conservar" un género importantísimo, que por su convocatoria, nunca podría competir (en términos económicos) con las industrias culturales orientadas a las masas.
2º) La lírica, la música sinfónica, de cámara o el exigente cuarteto de cuerdas, requieren de un esfuerzo y dedicación que va más allá del talento. Con el talento sólo no alcanza. Esa es una de las principales razones por las que nos chocaría ver a Serrat o a Joaquín Sabina (sólo por nombrar a dos GRANDES de la canción) cantando una ópera.
Expuesto esto, pensemos juntos:
¿Cómo se sentirá un cantante lírico, cuya preparación tiene por finalidad transitar la resbalosa cornisa de un arte difícil, si lo obligan a cantar Aserejé?
¿Cómo nos sentiríamos en la platea de un Teatro, acondicionado para desafíos acústicos de exigente magnitud, si nos enteramos ahí, en el lugar, que el tenor de Rigoletto será... Sting?
De estas últimas apreciaciones se pueden extraer varias más, pero voy a concluir con un punto de vista absolutamente personal y espero no herir susceptibilidades porque no es esa mi intención.
Tratándose de música, pocas cosas me molestan más, que escuchar a Pavarotti o a Carreras cantando un tango o una pieza de Jazz o un Bolero.
Sin la menor duda, ninguno de ellos puede expresar, lo que si es capaz de expresar Goyeneche, Ray Charles, o Armando Manzanero.
Al revés, me pasa igual. Pero si le añado el agravante de ponerme en la piel del que está obligado a cantar y hasta imitar la ¿coreografía? de Aserejé qué, como dije antes, me gusta mucho, la experiencia se me hace insoportable
Esta es mi opinión, que es lo que has pedido ¿no?

