Continuación:
La alternativa que nos queda es la de huir, que para éso se mueven nuestros barcos; descubrir un nuevo paraíso que de momento no haya sido alcanzado por los perturbadores; buscar calas de dificil acceso y un tanto alejadas del turismo de masas.
El primer día que accedamos nos costará, habrá que estar en alerta con los cinco sentidos para no equivocarnos y llevarnos un disgusto. Pero, luego, será más fácil.
Es lo que hay.
