Hace un par de días le comenté a mi amigo Flavio que había pasado una velada sumamente placentera en un homenaje a Astor Piazzolla en el monasterio de Llutxent (creo que te pilla cerca Gracy).
Como soy un enfermo de la fotografía no me pude reprimir y me lleve a casa algún recuerdo.
Al saludar al músico que tocaba el bandoneón corroboré que era argentino. La violinista, aunque no sale, de Buenos Aires.
Música fantástica, y acústica insuperable en el claustro, en medio de la noche y el campo de la comarca.
Los monjes conseguían mejor acústica que los ingenieros de Calatrava


. En serio.
Sabian escoger los mejores sitios, disponían de medios y sabían utilizarlos, vamos que se cuidaban ellos... en su retiro...

