Tomemos esa taza de buen vino, Nochero.
Tus narraciones son de esas que se pueden contar con fuego de hogar en noche de orballo, pero no pierden fuerza incluso en una mañana de julio como esta de hoy, con el Mediterráneo manso aquí al lado. Quietecito y azul, como si nunca hubiera matado una mosca.
Ojalá podamos conocernos algún día para que pueda sentarme delante de tí a escuchar, como hacías tú con tu abuelo.
Tengo que ir por Galicia a recuperar viejos amigos. Uno de ellos cuadra con la descripción que haces de tu abuelo. Mientras nos despedíamos de una campaña llena de "sucesos" y me estrechaba la mano con la suya, que se diría más bien herramienta nudosa de olivo que órgano humano, me aseguró que nos volveríamos a ver algún día. Ya hace casi 30 años. Tengo que aplicarme.
