Felicidades Nochero, desde luego no sé como puedes entrar en La Taberna después de la "pechá" de mar que llevas. Para muchos de nosotros es una suerte, tus aportaciones nos hacen crecer.
Hace años veraneaba con mis padres y mis hermanos en Conil de la Frontera. Por allá, por los años 70, los pescadores tenían sus barcazas de madera de unos 7 u 8 metros de eslora y menos de 2 metros de manga, en la playa y las entraban y sacaban con tractores. Las redes las reparaban sentados sobre la arena.
Los tres pescadores que solían ir en las barcazas a pasar toda la noche fuera (salían por la mañana y volvían a la mañana siguiente), iban sobre la cubierta y me ponía los pelos de punta ver como se ponían a unos 60º o más de verticalidad para atravesar las olas rompientes.
Los aparejos los llevaban en los tambuchos, bajo la cubierta, apoyados en las cuadernas. También repartidos por la cubierta.
El regreso era un espectáculo. Sobre la cubierta y en los tambuchos venía la pesca, y aparte del típico pescado con una pinta estupenda, muchas veces venían con pulpos enormes, sepias, calamares, centollos y otros crustaceos, congrios y morenas, cazones (bueno, esto formaba parte de los típicos), marrajos enormes que a veces eran más largos que la propia barca, tiburones martillos muy grandes también, mantas... algunas veces incluso traían tortugas marinas que la gente curioseábamos y después las soltaban en la playa. Mira que era maja esta gente.
Con frío o con calor allí estaban encima de la cubierta a no sé cuantas millas mar adentro haciendo sus faenas y yo me ponía en la piel de ellos y pensaba que vaya trabajo más duro, pero sobre todo que trabajo más peligroso. No sé como preveían en aquel entonces la evolución del tiempo, supongo que no les haría falta tanto Instituto de Meteorología porque ellos sabían leer mejor que nadie las indicaciones de su entorno. De todos modos no sería dificil que en alguna ocasión les sorprendiera alguna buena tormenta en el banco que estuviesen explotando y aunque el barco ya había demostrado con las olas lo que era capaz de aguantar, pasar un frente encima del barco con las olas barriéndote debería de ser de aupa.
También me planteaba que si el motor fallaba, que si se producía una vía de agua, etc. Todo me parecía muy arriesgado.
Creo que no llevaban balsas salvavidas, chalecos, bengalas, botiquín... creo que ni tan siquiera llevaban radio.
Conil de la Frontera perdió aquel atractivo, le quedan otros muchos, pero aquello ya no está desde que hicieron un puerto para los pescadores. Bueno, lo que perdimos unos lo ganaron ellos en seguridad, eso es más importante.
Como el puerto no llegué a verlo, siempre he imaginado que las condiciones han mejorado. Que los barcos ya llevaban alguna cabina con alguna litera y sobre todo que llevarían radio y otros elementos de seguridad.
Por eso, Nochero, me has quedado un poco perplejo

¿No llevas balsa salvavidas, bengalas, radio...?
Tal y como cuentas el cuento, te doy la razón en que llevaís generaciones haciendo eso mismo y todo ha ido bien, pero ¿siempre bien?.
Creo que como casi todos que nuestra Marina Mercante se excede en los requisitos que nos piden para navegar, sobre todo en los tiempos que nos marcan de caducidad de los elementos, pero hay que reconocer que gracias a estas medidas se salvan muchas vidas.
En fin, como estoy seguro de que sabes lo que estás haciendo, porque además llevas haciéndolo toda la vida, doy por hecho que te has guardado algunos ases en la manga, que llevas protección y que lo que nos narras en el cuento es tu disconformidad a que te obliguen a recibir a un señor poco amable y estirado para hacer una inspección y encima tengas que pagarle. Esta visita ya debería estar contemplada en los impuestos que pagas.
Que tengas mucha suerte en tu trabajo y que nos sigas entreteniendo con tu experiencia y tus anécdotas.

