Re: De la chulería a la mezquindad
y dos.
A primeras horas de la tarde del día 3 desde el puente del Sirio ya se podía ver la cima del Tibidabo ; en seguida todo el encinar de la sierra de Collserola y más tarde el colorido caserío de Barcelona ,erizado de las humeantes chimeneas fabriles, que se desparramaba en suave inclinación hacia el puerto inmerso en sus obras de ampliación.
El puerto era un caos de construcción.
Se levantaban, los muelles de la Barceloneta y de Bosch i Alsina, los tinglados justamente donde antes estaba el andén de la Riba y por otra parte en la puerta de la Paz, se erigía el casi terminado, Mundial Palace, la terminal de pasajeros mientras que en medio de la dársena se empezaba a fabricar, con enormes bloques de hormigón, el Muelle de España justo donde ahora está el Real Club Maritim.
El Sirio pasó por delante del prodigioso dique flotante y deponente que estaba situado en la escollera este, embarcando un barco de por lo menos 80 metros de eslora, sorteó diversas dragas de rosario y plataformas armadas con grúas y otras cabrias flotantes; evitó la batería de tubos que flotaban alrededor de la draga de succión Mediterráneo y con la ayuda del remolcador Setanti , casi al anochecer, atracó popa al muelle.
A la mañana siguiente, casi de madrugada, ante la pasarela ya estaba formada la desdichada cola de menesterosos emigrantes que lentamente fueron embarcando.
Nadie sabe cuántos fueron pues esa defectuosa contabilidad convenía a su capitán que ahora os lo voy a presentar :
Se trataba de cavaliere Giuseppe Piccone, que tenía 68 años de edad, llevaba 46 años de navegación ininterrumpida y a bordo del Sirio realizaba su 135 viaje en la línea de América del Sur por lo que era de reconocida competencia.; total un marino con una gran experiència y una hoja de servicios intachable.
- ¿Intachable?
- Al menos para al Armador, que estaba en el ajo.
- ¿ en el ajo de qué?
- Pues porque había muchos emigrantes que no tenían el suficiente dinero
para comprar el billete y embarcaban como "polizones" escondidos en los más recónditos huecos de las carboneras ya desocupadas en unas condiciones desalmadas a cambio de las 100 pesetas que el capitán cuidadosamente guardaba en su caja fuerte.
- Entonces ¿Cuántas personas se embarcaron en esta travesía?
- No se sabe ni se sabrá nunca; según la compañía de seguros Lloyd habría en
su escala de Barcelona 121 tripulantes; 20 pasajeros de primera clase que era el cielo, con vajillas de plata, inmensos salones, comedores con el mejor genero que se pudiera encontrar, amplias cubiertas para pasear y espaciosos camarotes que eran auténticas habitaciones terrenales; 50 pasajeros de segunda clase que era el purgatorio, un escalón por abajo pero que también disponían de ciertas comodidades y sepultados en las bodegas infernales 540 pasajeros de tercera clase distribuidos en seis ranchos de 90 personas.
Total: 731 pasajeros que no eran tales porque, aparte del trato ilegal, en los llamados ranchos, los niños eran contados de cuatro en cuatro como si fueran una sola una sola persona… probablemente superarían en ese momento más de un millar de personas.
Al día siguiente comenzó el embarque de los pasajeros que esperaban el barco. Según datos oficiales embarcaron 86 y así se despidió el Sirio de Barcelona con destino a su siguiente puerto previsto oficialmente.
Pero no fue así.
Su miserable capitán, no solamente hacía este trapicheo ilegal de pasajeros sin pasaje en los puertos de escala oficiales, sino que se acercaba a la costa para embarcar a este stock de coque, como diría Tintín, convirtiendo al Sirio por el Ramona, para así rentabilizar sus ganancias a costa de la desgracia humana.
Así se acercó a Alcira para embarcar a estos ilegales y se dice que el capitán se enteró que su competencia más directa, los vapores León XIII y el Mendoza, iban navegando a buen ritmo y como tenía prevista otras escalas ilegales entre ellas la más próxima en Águilas, tendría que forzar la máquina y abreviar la ruta, por lo que se trazó una nueva derrota pegada a la costa que les podría ahorrar 7 millas con el consiguiente ahorro de tiempo y combustible.
A medio día del sábado 4 de agosto de 1906 ya estaba navegando el Sirio, en demanda a las costas de Águilas en un mar en calma en un luminoso día cuando pasaba las costas de la Manga con la aguja del telégrafo de máquinas enterrada en el full ahead.
El capitán descansaba después de su comida y el tercer oficial al mando de la nave iba comprobando que iban entre 15 y 17 nudos navegando a tumba abierta hacia el Cabo de Palos a una escasa milla de de la costa.
Más afuera los oficiales de Maria Louise se echaban las manos a la cabeza viendo al transatlántico lanzado hacia las islas Hormigas sabiendo lo peligroso de sus aguas con una barrera defensiva de rocas, que apenas afloran a la superficie.
Su proa finalmente encaró al peligroso Bajo de Fuera y apenas pasadas las cuatro de la tarde (que desde entonces se llamará Bajo del Vapor) irremisiblemente se lo tragó.
Los adormilados pasajeros escucharon un estruendo ensordecedor y fueron tirados por la fuerte sacudida, contra los mamparos y las distintas cubiertas mientras las planchas del fondo se destrozaban contra las cresta submarina de 200 metros que los esperaba a tres metros de la superficie,tan oculta como mortal,sobre el que primeramente barco quedó asentado mientras que empezaron a surgir entre grietas de la cubierta de popa, la de la clase privilegiada, columnas de vapor a gran presión que quedaron atrapadas por el toldo que se había extendido para proteger del caluroso día y que resulto mortal para muchos pasajeros.
Tampoco tuvieron la menor oportunidad más abajo atrapados por la enorme fuerza del agua que entraba a bordo extendiendo la muerte y más tarde la explosión de las calderas que destrozó los habitáculos donde descansaban muchos emigrantes.
El pánico se apoderó de los pasajeros y el capitán se quedó paralizado y no ordenó a su tripulación que organizase la evacuación que, desentendiéndose de sus obligaciones, se quitaron sus uniformes y trataban desesperadamente abandonar el barco.
Las angustiadas voces que pedían socorro se oían por todas partes sin que nadie las atendiese y los gritos y las carreras por cubierta con cuchillos y pistolas en mano exigiendo un bote salvavidas o incluso un simple salvavidas convertían las cubiertas en un caos anárquico del que el capitán huyó cobardemente en un bote salvavidas que algunos tripulantes tenían habilitado.
Algunos decidieron botar los botes salvavidas pero se hicieron un lío con las cabrias y los pescantes ; algunos los estrellaron contra el casco y otros se destrozaron contra el agua al caer desde la cubierta por liberar incorrectamente el pasador de seguridad por lo que muchos saltaron alocadamente, en su desesperación, al agua y en minutos los alrededores del barco estaba sembrado de ahogados flotando, otros manoteando pidiendo socorro antes de hundirse definitivamente ,otros gritando desesperadamente al escuchar el rechinar del casco resbalando de la roca que lo sostenía mientras que el barco francés Marie Louise, que se acercaba a prestar auxilio no cesaba de sonar sus sirenas avisando de la desgracia …
Enseguida se acercaron nueve laudes de pesca de los alrededores y el pailebote Joven Miguel y su capitán Vicente Buigues que organizó una acción heroica de salvamento que pocos conocen porque poniendo en peligro su barco (ya que lo arrastraría al fondo si el Sirio se hubiese hundido), tendió una pasarela entre los dos barcos y así salvar a 400 personas.
Nunca se conocerán las víctimas mortales de esta tragedia.
Se contabilizaron 580 sobrevivientes y 242 ahogados pero fueron muchos más y sobre todo los desgraciados alojados en las profundidades; los que el mísero capitánhabía embarcado ilegalmente.
Soy muy pesado y siempre digo en mis hilos históricos que "No hay nada nuevo bajo el Sol"
Tenemos al capitán Giuseppe Piccone alojado a la mañana siguiente de la tragedia en la fonda "La Piña" de Cartagena al igual que el capitán Francesco Schettino del Costa Concordia en su hotel más de 100 años después.
Piccone dio inverosímiles excusas sobre el accidente y al hecho de encontrar la caja fuerte vacía y al final no fue condenado pero según cuentan terminó suicidándose abrumado por sus remordimientos.
Schetino también ha dado inverosímiles excusas y ahora los peritos descubren que los sistemas de control del barco no funcionaban adecuadamente, que se usaban cartas de navegación "no aprobadas" y que la "caja negra" no registraba los datos adecuadamente etc… etc.
Pero en este caso también murieron personas.
Exactamente 32.
El Sirio no se hundió hasta dias despues y al Concordia todavía lo podemos ver.
Saludos Andrés
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