Como dice mi abuela, el mundo tiene que estar completo, y en consecuencia, de todo hay en la viña del señor y en la mar.
A veces, cuando baja el viento en estos atardeceres tranquilos en "mi" bahía y las velas se nos quedan flácidas, nos da por darle a los remos en vez de arrancar el fueraborda. Cantidad de veces se me han acercado otras embarcaciones preguntando si nos hacía falta algo, y se les suele quedar una cara rara cuendo les decimos que no, que gracias, que todo va bien y que tenemos ganas de remar.
Hace un par de semanas, intentando entrar a puerto a remo en el llagut de un amigo francés (por avería de motor, lo juro por Snoopy) al final tuvios que pedir remolque a voces y una amable familia belga nos acercó al pantalán con su zodiac.
Hoy, entrando a puerto con el mismo llagut, esta vez a toda vela, mi amigo francés me ha preguntado porqué los dos barcos que nos hemos cruzado no han respondido a su calmoso saludo. Reflexionando sobre el tema, ha llegado a la conclusión que los que no saludan sulen ser los mismos que llevan las defensas colgando en navegación y los especialistas en cortar proas a toda leche y poca distancia, mandando una ola que nos deja clavados y con cara de tontos; eso sí, con el brazo de saludar congelado a medio recorrido.

por los que mantienen mínimamente las formas.