Re: Y volver, volver, voooooolverrrrr...
Se me olvidó contar que a unas 4 millas de Porto Santo, al amanecer, el asesino que habíamos comprado en Madeira empezó a ganarse el sueldo. Consistía en un pulpo de colorines horteras, de unos 20 cm y con un sólo anzuelo bastante grande. El caso es que a un pobre dorado que pasaba por allí le gustaron los colores y le metió. Era un bicho de unos 2 Kg que tras sacarlo sin demasiado esfuerzo devolví al mar en perfecto estado de salud pero con un susto de muerte. No estaba el horno para pesqueritas. Cuento esto como dato para futuros navegantes por la zona que no sean lumbreras, como nosotros, en las artes de la pesca, ya que nos costó dar con una buena muestra para el curri en estas aguas.
Ya amarrados en Porto Santo pusimos el barco en carga y llamamos al puerto para decir que estábamos allí y ver la posibilidad de encontrar un mecánico en domingo. El marinero nos dice que nos presentemos a la policía y pasemos por capitanía, así lo hacemos, o mejor dicho lo intentamos, porque ni en la policía ni en capitanía había nadie. Hartos de esperar y de dar vueltas decidimos irnos al único bareto-cafetería-comedero del puerto, el famoso Pato Bravo, a tomar algo, “et voilá”allí estaba todo el mundo, el policía, el marinero y medio pueblo. Nos presentamos y después de un rato de pensárselo y mirándonos con cara de pensar: vaya horitas de llegar que tienen estos tíos coñazos, se levantó parsimoniosamente, nos llevo a la aduana y nos hizo la entrada.
Hicimos también los trámites en capitanía y tras contarle nuestro problema le preguntamos angustiados al marinero por un servicio Volvo aunque yo ya me temía la respuesta: No, aquí no hay ningún servicio técnico, hay que ir a Funchal... pero añadió que él conocía a uno que conocía a un mecánico, mejor dicho, al mecánico y que por la mañana del lunes lo llamaría.
Resignados a nuestra suerte y como no estábamos dispuestos a pegarnos otras 45 millas hasta Funchal, asentimos y nos fuimos, como no, al Pato Bravo donde pasamos el resto del día negándonos a aparecer por el barco hasta bien entrada la tarde.
A todo esto los dos teléfonos móviles que llevábamos decidieron declararse en huelga, por ejemplo, el mío iba de por libre, se había quedado pillado con el cuatro, hiciera lo que hiciera yo, el marcaba continuamente 44444444444444 y yo borraba 4444444444 y él 44444444444, en fin, así pasamos toda la mañana entretenidos los dos pero sin poder hablar con nadie. Por su parte, el de Manolo, estaba en las últimas, uno de esos nuevos teléfonos con PDA, GPS y la leche de cosas, nuevecito con un mes, el tío se negaba a arrancar... Otro que no se aburrió esa mañana, quita batería, pon batería, golpecito contra la mesa, espera, espera, que parece que... joder nada, otro golpecito, al suelo, patadón y a comenzar de nuevo el ciclo... en fin muy divertido.
¡Ahhh! y mi fabuloso reloj “Casio Racer Marine” o como se llame, con compás, mareas, intervalo lunitidal, barómetro, cuenta atrás para regatas y yo que sé que mas, se debió de contagiar y les siguió el juego. El caso es que allí estábamos, en el Pato Bravo, incomunicados del mundo civilizado, sin saber en que hora vivía y tomando Coral a las 10 de la mañana: había que recuperar el tiempo perdido.
El puerto está como a 3 Km del pueblo y no hay bus. Como no era cuestión de pegarnos tal caminata (para eso somos muy estrictos), por la tarde, tras acicalarnos y esas cosas, llamamos un taxi que nos llevó al centro, jeje... El centro eran cuatro casas alrededor de una placita, muy bonita por cierto, donde no había mas que un bar y un restaurante. Bueno, también estaban el cajero, la iglesia, la gasolinera, el mini-super, varios bancos (de sentarse), el local de ensayo de la banda del pueblo, que por cierto tocaban una marcha fúnebre, y un perro que era el dueño del pueblo. Pues nada, al bar a escuchar la bonita música y seguir con la Coral.
Eso sí, estos de Madeira se lo tienen bien montados con los wifis. Tienen zonas wifis gratis por diferentes puntos de las ciudades y la placita era uno de ellos, pero como el ordenador lo habíamos dejado en el barco no pudimos ese día conectar, así que nos fuimos a descansar con la intención de volver al día siguiente armados con las máquinas de internet, si es que antes no conseguíamos reparar y poder partir (jajajaja, me parto...).
Perdón, me ha dado la risa tonta, luego sigo...
Editado por Tabernero en 05-10-2007 a las 11:09.
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