Tengo que confesarte que al mismo tiempo que lo estaba leyendo me estaba partiendo la caja, a la vez que me sudaban las manos como un animal. ¡QUE MAL RATO, TÚ!.
Celebro muchisimo que todo haya quedado solo en un susto.
Aunque yo todavía no tengo barco, más que el de mi segundo apellido que es Barco (casualidades de la vida), esta experiencia tuya me servirá por si algún día tengo alguno de los de verdad, de los de andan por el agua.
Yo también soy de las Rias Baixas, de Pontevedra mas concretamente, y si que estoy notando unas nortadas repentinas muy molestas, y si se nota en tierra en mar tiene que ser muy jodidillo...
Lo dicho. Felicidades por el buen final de la historia y gracias por compartirla con todos.
