Discusión: Verano del 74
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Antiguo 27-09-2012, 18:34
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Verano del 74

Durante la mañana del segundo día, estando a unas sesenta millas al Oeste-Noroeste de la isla de San Pietro, el viento calmó y, poco después, la jarcia se llenó de multitud de sutiles ‘hilos de la Virgen’. Al parecer, estos hilos son segregados por diminutas arañas del desierto que los usan para viajar arrastradas por el aire. Llegan a alcanzar grandes alturas cuando el viento sopla por influencia de una borrasca y descienden lentamente al llegar a zonas de calma. En el Estrecho de Gibraltar, según me enseñó un buen amigo gaditano, son presagio de Levante, que suele soplar al cabo de cuatro o cinco horas de la aparición de los hilos. Deduje que el mensaje debía ser el mismo aquí, teniendo el desierto líbico relativamente cerca.
Decidí arrimarme a la costa de Cerdeña y, saltándome el programa, entrar de arribada en Carloforte a esperar que pasara el Levante. Y, también, debo confesarlo, a comer unos spaghetti alle vongole que sirven en cierto restaurante del puerto que son, para mí, insuperables. Era absurdo exagerar con el ascetismo.

La vida, pensé, está poblada de detalles, símbolos y signos de advertencia para el observador atento. Y la atención del observador depende, sobre todo, de la aprensión que le produzca aquello de lo que es advertido. Si no se conoce la amenaza o no se la teme, los signos pasan sin ser vistos o, como mucho, quedan registrados en el cajón de la memoria donde se guarda lo incongruente junto con las secuencias que, por inconexas, no pueden formar parte del argumento de nuestros recuerdos. Y es que el recuerdo del pasado no es más que una especie de relato que construimos a nuestra conveniencia, despreciando todo aquello que no encaja y, a menudo, añadiendo episodios que nunca sucedieron o no sucedieron como los recordamos.

Es necesario, me dije, acudir al cajón de las incongruencias y, armado de honradez, desprovisto de parcialidad, examinar lo que contiene para replantearse la propia historia a base de ver cómo esos objetos de la memoria –que no del recuerdo- encajan con las consecuencias del pasado. Podemos engañarnos recordando un pasado hecho a medida, pero nadie puede cambiar las consecuencias tangibles del pasado real, del que en verdad sucedió.

Jamás temí que Iulia nos abandonase. Y, sin embargo, lo hizo. No recuerdo ningún aviso. No recuerdo haberlo merecido. Juraría que nuestra vida era estable y conocida para ella; que no hubo un detonador suficiente para tal explosión. Pero se fue. Hecho incontrovertible. Consecuencia de solidez pétrea en su existencia. Se fue.

Se fue y se llevó consigo las fotografías y las reliquias de nuestra historia, dejando atrás, en cambio, a su hijo.

Cerdeña era una pincelada de azul en el horizonte, apenas un poco más oscura que el mar, tenue como las nubes lejanas; apoyo ideal para la mirada de quien, sumido como yo en su propio Opus Nigrum, se interna en la memoria de una guerra en la que, tal vez, no se luchó junto a los buenos. O sí. O en la que, quizás, se concedió demasiada gracia a los enemigos. O acaso se fue demasiado cruel.

Me pregunté si estaría a punto de descubrir que había vivido todos estos años en la piel de un extraño. Tal vez yo no fuese exactamente “yo”.
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Gambucero (28-09-2012)