Ver mensaje
  #2  
Antiguo 10-10-2007, 14:05
Avatar de Tabernero
Tabernero Tabernero esta desconectado
Administrador
 
Registrado: 26-10-2006
Localización: Mar de Alborán
Edad: 68
Mensajes: 6,152
Agradecimientos que ha otorgado: 1,667
Recibió 5,102 Agradecimientos en 1,026 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Y volver, volver, voooooolverrrrr...

Jeje, mu graciosillos andamos...

Vengo, sigo un poquito más:

Sábado 22 de septiembre, 8 de la mañana… Por fin, con más de una semana de retraso partimos rumbo hacia el Estrecho. En teoría ya tendríamos que estar en Melilla ya que el lunes hubiéramos tenido que empezar a trabajar.

Con las prisas y para no ver lo que no queríamos ver ni miramos las previsiones meteorológicas. De todas formas habíamos quedado con Tomari y el “Coneho” para que nos la fueran pasando por el Iridium, así que nada más salir recibimos el primer mensaje: 15 nudos de NE arreciando a 20 para el día siguiente y posteriores; marejada a fuerte marejada.

Todavía al socaire de la isla, izamos mayor con un rizo y génova pesado, montamos el curri y empezamos a ceñir con unos 15 nudos de Ne, lo que nos hacía ir a un 100 aproximadamente. El mar de momento estaba bueno, pero nada más asomar por la punta de la isla, comienza el baile con un fuerte oleaje justo de proa, lo que sumado al viento nos hacía ir con una considerable escora y dando “sartenazos”.

Al rato nos rola a ENE, así que hacemos un bordo hacia el N para no irnos otra vez para Canarias. Al cabo de la hora vuelve a rolar y volvemos a virar haciendo ahora un 90. La mar sigue subiendo y ya tenemos fuerte marejada. En eso que el carrete del curri empieza a correr y sacamos un túnido sin determinar de unos 2 Kg no sin muchos esfuerzos debidos a la escora. Me meto dentro para limpiarlo y trocearlo y me agarro el “colocón” del siglo, más por la inercia de la escora que por los movimientos del barco. Salgo verde-blancuzco de dentro pero con mi pescado listo para cocinarlo lo que no pudimos hacer debido al mal tiempo, así que para la nevera. Yo que no me suelo marear, no estaba acostumbrado a aquellos males, así que me tumbo en un banco “mu malito” durante un par de horas en que se me empezó a pasar.

Por la tarde cae el viento pero no la mar, así que arrancamos motor y seguimos con mayor y a 2000 vueltas. Me vuelvo a meter dentro a comprobar que todo iba bien en el motor y no, ahora perdíamos agua por la bomba de agua salada… ¡Joder!... Al parecer cuando se nos fue la bomba de agua dulce, desmontamos también la de agua salada para comprobar el rodete y la junta se había ido. Intento apretar los tornillos a tope pero nada seguía saliendo, no era mucha, pero seguía saliendo. Absorto en mi trabajo no me doy cuenta de que me estoy empezando de nuevo a colocar hasta que tengo que salir por patas “mu malito otra vez”. Al banco de nuevo…

Le digo a Manolo que busque por los repuestos que había un rodete nuevo con sus juntas, lo encuentra, desenrolla génova, abre rumbo, para motor, cierra el grifo de fondo, abre la bomba y cuando intenta colocar la nueva junta… ¡Horror!... no es la suya… Resulta que el rodete si que era el mismo, pero la junta era para otro motor. Claro, al quitarla, nos la acabamos de cargar, así que no se me ocurre hacer otra cosa que con sikaflex más los restos de la junta de papel ir haciendo una nueva junta. Secamos bien la tapa y el cuerpo de la bomba y todavía con el sika medio fresco la montamos. Echamos mucho de menos un buen tubo de Nural 21, que siempre solemos llevar y esta vez no, el Nural 21 es una especie de silicona naranja especial para hacer juntas en los motores.

Seguimos navegando a vela en espera de que se secase la improvisada junta y poder probar si el invento funcionaba y en eso que el curri de nuevo se pone a trabajar y esta vez era algo gordo porque no había forma de sacarlo. Don Manué se calza sus guantes de trabajo y empieza a tirar con el barco navegando a 7,5 nudos a vela con una escora del copón , y tira y tira, y larga y larga, hasta que después de un buen rato consigue sacar “al bissho” un patudo de más de 15 kg, precioso, gordo y enorme. Nos quedamos mirando al pobre animalito y entre la pena que nos dio con esos grandes ojos y de pensar en el “colocón” de limpiar aquel monstruo marino, con sumo cuidado lo devolvimos al agua, saliendo el animal nadando como alma que lleva el diablo hasta sumergirse en las profundidades. Además ya teníamos pescado, así que quitamos el curri para no pescar nada más hasta que no nos comiéramos el que teníamos.

La primera noche iba cayendo sobre nosotros, el viento arreciando y la mar subiendo. Antes nos habíamos cruzado con cierta envidia con tres catas que iban en conserva hacia Porto Santo navegando muy cómodos a un largo. Arrancamos el motor para probar el invento y perfecto, aquello no perdía nada. Decidimos seguir a motor y mayor con un rizo porque la escora ya era exagerada y no era plan de ir a proa a montar el tormentín; y de esa forma poder descansar un poco durante la noche, que por cierto la teníamos de luna llena. No podíamos cerrarnos mucho al viento porque la mar nos estaba martirizando; así pasamos toda la noche con mar gruesa y 20 nudos de viento. Las olas nos pasaban por encima cuando el barco hincaba la proa y se iban a estrellar contra la capota. Otras nos barrían la cubierta y otras muy hábiles saltaban la capota justo para caernos encima. Lógicamente ya nos habíamos puestos los trajes de agua y nos amarrábamos a la línea de vida que llevábamos montada en la bañera. Empapados y a guardias de dos horas pasamos la noche.

Por la mañana la cosa se calmó un poco pero siempre sin bajar de fuerte marejada, así que volvimos a izar el génova y paramos máquina. El viento iba rolando de vez en cuando, lo que aprovechábamos para ir ganando rumbo. Así pasó todo el día, haciendo constar que Don Manué se metió dentro y cocinó el pescado con tomate… ¡Ummm, que rico!... Definitivamente, aquello acompañado de tres birras acabó por arreglarme el cuerpo que todavía andaba pachucho. Aunque hacía sol, el barco nunca llegó a secarse debido a los rociones continuos. Además nos entraba agua dentro por los cadenotes de los obenquillos o babys (que nunca he tenido claro cómo llamarlos), con lo que llevábamos el camarote de proa con toda mi ropa mojada y lleno de toallas que se escurrían continuamente.

La segunda noche fue terrible, como la primera, pero con más mar y sobre todo más difuso. Acabamos empapados de agua con traje y todo. Algunas olas nos entraban de través y nos caían literalmente encima, entrando dentro, aún con la tapa del tambucho cerrada, como verdaderas cascadas. O sea que las guardias consistían en pasarlas achicando y secando agua del interior y a ratos controlando la navegación. El ponerse y quitarse el traje de agua, ir al baño, entrar a coger algo o simplemente ir a la mesa de cartas, era todo un esfuerzo sobrehumano; al más mínimo despiste salías volando para ir a estrellarte contra lo primero que pillases… jeje… Más tarde comprobaríamos que llevábamos moratones hasta en el DNI.

Y a todo esto, uno no lo tiene nada claro… ¿si con 20 nudos tenemos esta mar, ni pensar quiero que suba a 25 o 30?... porque o sureamos o nos parte el barco en dos. Sí, es ese momento en que piensas ¿Y que coñó hago yo aquí con lo a gusto que estaría en mi casa calentito, seco, sobre una mullida cama y tocándole las piiiiiiiiiiiiiiiiii….? Mejor no sigo.

Editado por Tabernero en 10-10-2007 a las 14:14.
Citar y responder