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Predeterminado Re: grupo para navegar en la costa dorada tarragona

Buenas cofrades. Un ron cremat para todo el personal, yo lo pago, pero lo elabora el artista Euskal, que tiene mano.

No soy muy bueno escribiendo, pero me relajo haciéndolo, así que os arreo este ladrillazo contando la navegada a Dragonera. Renuncio a subir fotos porque ya lo he intentado alguna vez y se me da todavía peor que escribir.


Salida a Dragonera 5-7 de octubre de 2012

Mi primera navegación de altura me tenía expectante desde hacía semanas. Teniendo el PER desde junio, y con sólo tres salidas costeras de un día en mi saldo, esto era todo un avance en mi aprendizaje y en mi minúsculo cúmulo de experiencias. Así que las ganas me habían tenido inquieto los últimos días como a un niño pequeño.


Cuando llegué al pantalán ya estaban allí Sugus y Krank, ya conocidos de otras veces, y Brigadier y MAG-1, a quienes no tenía el gusto. Primera toma de contacto con el Faru para dejar mi mochila y con la que a posteriori sería mi litera.

Desde el principio, la singladura prometía: cervecitas en Cambrils antes de embarcar, para dejar sentados nuestros principios birreros y para hacer tiempo a que fueran llegando los que faltaban.

Una vez todos a bordo, escapadita al surtidor a rellenar y zarpamos rumbo 148º a Dragonera. Eran las 21 horas. La nota negativa era la total ausencia de viento, tanto en aquel momento como en la previsión para casi todo el fin de semana, así que tiramos de motor, con pocas perspectivas de quitarlo, aunque con velas puestas por si acaso.

Ya instalados, asignamos camarotes: 4 + 2 + 2 (el capi dormiría en la bañera) y baños 1 (chicas) y 1 (maromos), y empezamos con la primera de las tareas de a bordo: el reparto de picoteo y cervezas para cenar. Mientras tanto, la conversación en bañera fluye agradable y divertida, al tiempo que la temperatura desciende unos grados, lo suficiente para tirar de cortavientos y gorro.

Quitamos génova porque no aportaba nada, y poco antes de la hora bruja procedemos al sorteo de las guardias. A mí me toca la primera con la patrona Raquel, de 00 a 02. La suerte me acompañó, aunque después del madrugón y el viaje desde Zaragoza, tuve una guerra sin cuartel contra mis párpados que se empeñaban en reunirme con Morfeo. Lo tranquilo de la mar y la inexistente necesidad de abandonar la bañera, nos permitió prescindir de los chalecos salvavidas, que por cierto eran todos hidrostáticos, un detalle. Al final todo fue bien durante la guardia, y a las dos aparecieron los compañeros que nos mandaron al catre.

Con una media de 5 nudos a motor, el barco no se canteaba, y mi primera noche a bordo de un velero fue más llevadera de lo que me temía. Eso sí, siendo de mal dormir, yo iba pertrechado con tapones y antifaz, aunque finalmente el efecto mecedora en proa y sobre todo el trabajo de mis párpados me hicieron dormir casi de un tirón hasta las ocho de la mañana.

Cuando volví a salir me encontré en la bañera a Sugus, Krank, MAG-1 y al Brigadier; la mar seguía apenas rugosa y la temperatura se mantenía como a la noche, aunque pronto empezaría a remontar como corresponde a estos días veraniegos de otoño. El sol, un palmo sobre el horizonte, se estaba quitando las legañas para conseguir ver, como yo, a una pareja de delfines que se alejaban del Faru , saltando enérgicamente con esa gracia que les caracteriza.

La primera cafetera cayó rápido, y la repostería le anduvo a la zaga. Al poco, el resto de la tripu fue volviendo al mundo de los vivos, y el desayuno comenzó a adquirir un tono más mediterráneo, con pan tostado, tomate, aceite, etc. De ahí a la primera cerveza fue visto y no visto, y después la comida, que fue casi una prolongación del desayuno: ensaladilla rusa, un riquísimo pollo asado y melón. Tuvimos que poner el toldo, porque el sol picaba como en julio.

Como podéis comprobar, sobre la navegación en sí hay poco que contar, el mar tenía menos arrugas que una cama recién hecha, y el ruido del motor estaba ya tan dentro de nosotros que parecía pertenecernos. Con el automático a piñón, el único trabajo puramente náutico era corregir un par de graditos de vez en cuando según el plotter.

Tras la comida, en el momento siesta, el Brigadier se percata de que la aguja de nivel del depósito de gasoil no baja. Aunque salimos llenos de Cambrils, no sabemos la autonomía del Faru. Buscamos en la documentación pero no encontramos datos técnicos del depósito, así que lo más prudente sería que una vez alcanzada Dragonera siguiéramos unas millas más hasta el puerto de Andrax para repostar, no vaya a ser que el panorama meteorológico no cambie y se masque la tragedia. Miramos la carta y sacamos la hora de llegada al puerto sobre las 17 (sábado). Todo cuadra, y si algo no cuadra es que va redondo.

Al llegar a la Dragonera tuvimos un animado debate sobre si la isla parece o no un dragón. Yo me postulaba en la opinión de que no, por lo menos a pelo, sin sustancias alucinógenas, pero ahora y en la distancia de mis compañeros de singladura, debo decir que conforme nos acercábamos pude comprobar que efectivamente, no había que echarle demasiada imaginación para ver la silueta claramente. Lo que pasa es que como soy aragonés (y terco) eso último me lo callé vilmente.

Mientras navegábamos entre Dragonera y Mallorca, con un mar que no era un mar, sino un espejo, nos vimos enfrentados a la siguiente gran decisión que tomar: ¿en qué calita echábamos el ancla para darnos el baño de rigor? La decisión, difícil por la variedad de ellas, fue acertada, porque fondeamos en una zona muy agradable, aunque cierto es que no estábamos solos. No conté los barcos que estaban disfrutando de aquella apacible tarde del sábado a nuestro alrededor, pero podrían ser perfectamente entre 10 y 15 (se aceptan correcciones).

También tuvimos espectáculo erótico-festivo, pues pudimos asistir al show que un abuelete nos ofrecía en la cubierta de su yate, con música y la compañía de tres jovencitas veinteañeras ataviadas con minúsculos biquinis, que se empeñaban de vez en cuando en demostrarnos que no eran sus nietas, como se sugirió al principio e inocentemente desde la bañera del Faru. Debo decir, no me lo puedo callar, lo siento, que los hechos se comprobaron tirando de prismáticos (como dios manda).

El sol empezaba a caer, pasando de socarrar a acariciarte la cara con la ternura de una madre primeriza, el agua estaba estupenda, cálida y transparente, y los pececillos te rodeaban en el agua como esperando un regalito (del tipo que fuera, supongo). Momento plácido.

Acabado el kit kat, levamos el ancla y pusimos rumbo a puerto, donde repostamos gasoil, vino y baterías de móvil, pues el barco no disponía de tomas a 220 V en autónomo. Por cierto, según el marinero que nos atendió en la gasolinera (un andaluz mu salao), “de cortesía, nada, aquí por una noche te clavan 80 euros, que estos tienen menos detalles que el salpicadero de un 600”.

De nuevo nos hicimos a la mar cuando empezaba a atardecer. Según la previsión, por la noche tendríamos algún nudo lo cual nos hizo albergar alguna esperanza de apagar ese tortuoso runrún del motor. Mientras el sol se limpiaba los dientes para irse a dormir, rodeamos Dragonera, esta vez por su lado Oeste, poniendo rumbo a Cambrils.

Y al final llegó el viento.
Y se apagó el motor.
Y nos quedamos sordos.

Si navegar a vela es algo que nos gusta a todos (o casi) los que nos encontramos por esta taberna, hacerlo después de 24 horas de motor es una bendición. Las velas se templaron, el viento entraba ciñendo por babor, y por primera el Faru pasaba de cinco nudos sin timidez, llegando en algunas rachas incluso a siete, que os aseguro que no sabían a poco.

Cena de pizzas en el salón, y luego un ron quemado que nos preparó Euskal en la bañera, y que supo tan rico que tuvo que hacernos otro, en total dos botellas. Todo ello dio pie a una interesante tertulia sobre los temas de más candente actualidad: crisis, independencia y políticos corruptos, temas que no tienen nada que ver con la navegación, pero que unen mucho más de lo que podría parecer.

El reparto de las guardias esta vez nos dejó a Raquel y a mí de 2 a 4, incómodo pero justo, teniendo en cuenta que la de la noche anterior fue de las buenas. Así que me fui a la piltra, y esta vez sí, me costó dormir más de la cuenta, pese a la ausencia del taladro del motor. A las dos, cuando salí a cubierta de nuevo, se nos unió Sugus a la guardia, que no podía dormir, con lo cual estuvimos tres para la conversación. Esta vez no tenía tanto sueño, y las dos horas se me pasaron en un suspiro. Sin novedad en la guardia.

De vuelta a la litera y, al levantarme, ya era de día otra vez. Seguíamos con viento, aunque no duró mucho. Poco después del desayuno Eolo se fue apagando y tuvimos que volver a darle caña al gasoil. Lo bueno había terminado.

La mañana transcurría tranquila, tal vez demasiado. El sopor se iba adueñando poco a poco de nosotros, víctimas de cierta especie de tedio náutico por ausencia de viento, y los momentos de silencio entre nosotros cada vez eran más frecuentes y duraderos, aunque no se perdía ni un ápice del buenrollismo inicial. En un momento dado, bajé al camarote a ponerme pantalón corto, pues el sol ya hacía de las suyas otra vez, y eso me salvó. Todo el resto de la tripulación cayeron infectados de algún tipo de virus (o conjuro maléfico), de tal forma que cuando volví a subir estaban todos desmayados, algunos tirados por cubierta y otros en la bañera. Alguno incluso hacía extraños ruidos entrecortados con la nariz que sonaban como un serrucho talando un tronco de árbol. Podéis imaginaros mi angustia, yo, novato total, no tenía muy claro si debía hacer un mayday o un panpan, y no me había traído los apuntes para consultarlo. Además, podía hacerles el boca a boca a las chicas, pero como con los maromos me da cosa, así que me contuve, por lo de no generar agravios comparativos ni discriminación de género, más que nada.

Afortunadamente, la naturaleza humana es fuerte, y aunque el virus ese debía ser letal, al rato y poco a poco, se fueron curando todos y volviendo a la vida de nuevo, y mis peores temores se disiparon con la misma presteza que llegaron.

¿Y qué mejor manera de celebrarlo que con la comida, que ya era casi mediodía? Pues no. No era tan fácil. Primero había que preparar el vermú, y luego ya sí, a comer. Dicho y hecho, tras las cervezas, los vinos fríos y los snacks del aperitivo, vino una rica ensalada de garbanzos, de la que sobró para repetir. Justo en la sobremesa, el atento vigía nos avisó de que por proa había unos delfines que venían directos hacia nosotros, y así fue. Tres ejemplares que parecían ir hacia Mallorca, pasaron a pocos metros de nuestra banda de estribor, a una velocidad que ya le hubiera gustado al Faru. No nos dio tiempo ni de hacer fotos.

Otra cosa que nos pasó fue que nos quedamos sin agua dulce a bordo, disponiendo tan sólo de las botellas que habíamos comprado, y no sabíamos porqué. De los grifos no salía nada. Yo no me enteré demasiado de qué ocurrió, el caso es que no pudimos fregar los platos, ni hacer los usos habituales a bordo. Pensamos que podríamos fregarlos al llegar a puerto, conectados al pantalán, así que tampoco nos preocupamos más de lo necesario.

A esas alturas, ya estábamos a unas 20 millas de Cambrils, así que pese al poco viento que teníamos, decidimos parar el motor y probar de nuevo a navegar. El experimento estuvo bien por experimento, pero no por su éxito. La velocidad fue bajando hasta situarse entre 1 y 1,5 nudos. Como estábamos apopados, probamos también a poner orejas de burro, pero con el mismo resultado, y es que el mar parecía el suelo de un piso nuevo. Pero como digo, el intento estuvo bien.

Y poco después llegamos a puerto, atraque y recogida a bordo. Besos y abrazos, y promesas de repetir. Y yo, 250 km por delante.
Una experiencia estupenda, gratificante, instructiva (al menos para mí), divertida y entrañable, calificativos aplicables tanto a la singladura como a la compañía de la que disfruté.

Un abrazo a todos.
__________________
El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras,
sino en tener nuevos ojos” (Marcel Proust).


Hice un acuerdo de coexistencia pacífica con el tiempo:
ni él me persigue, ni yo huyo de él. Algún día nos encontraremos.

Editado por Aporelmar en 09-10-2012 a las 20:27.
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5 Cofrades agradecieron a Aporelmar este mensaje:
Grumet del Pla (10-10-2012), javierbcn (10-10-2012), KRANK (10-10-2012), Raquel al pairo (10-10-2012), xavierc03 (11-10-2012)