Hará de mi primera vez unos treinta años. Pese a los reparos de mis padres, ya que por aquellos tiempos era un imberbe, me apunté a un cursillo de vela que organizaba la Federación Galega de Vela, desoyendo todas las recomendaciones familiares que me desaconsejaban llevar a cabo mis aspiraciones náuticas, ya que siempre me había llamado poderosamente la atención cualquier artefacto flotante, bien fuera buque mercante o colchoneta de playa. Y la verdad es que fue una mierda...me quedé enganchado de por vida.
