Re: El Àrtabro,su padre y otras muchas cosas.
Políticamente los tiempos andaban revueltos y la inquietud del Gobierno no andaba para preocuparse en expediciones científicas.
Algo más gordo estaba pasando
Y encima ese desasosiego se agravaba por una economía que estaba zozobrando.
La desazón por el futuro del proyecto iba quebrantando el entramado expedicionario que tanto esfuerzo le había costado armar Iglesias.
Los naturalistas criticaban la gestión del proyecto, ya que consideraban a Iglesias como un intruso sin rigor científico suficiente para manejar y liderar la compleja expedición.
Otros decían que la organización cuasi militar de los trabajos que imponía Iglesias era de difícil desempeño; tendría que organizarlos los científicos de cada rama por medio de una comisión.
Los marinos decían que la expedición la debía de dirigir un oficial de la Armada y no un militar de aviación por muy agregado al Ministerio de Instrucción Pública que fuese.
Otra eran los salarios de unos y de otros. Los agravios comparativos estaban a la orden del día estipulando cuanto más deberían ganar por estar trabajando incomunicados en la selva acosados por el calor y los insectos con la categoría profesional de cada uno de ellos.
Un caos propio de nuestra idiosincrasia cainita aunque por otra parte las correspondencias que se enviaban entre ellos iban y venían con un sello de correos conmemorando la salida de la expedición antes de salir.
Muy oportuno.
Ahora las cuentas de la expedición no cuadraban, el barco había costado un dineral, casi cinco millones sin equipo y el resto… ¿Quién pondría el dinero del resto? Porque ya se habían gastado una pasta con la aventura de Guinea…
Empezaron a no pagarse los sueldos de los contratados y los lamentos por haber creído en Iglesias fue clamoroso; el antes paladín de la cultura, héroe del pueblo ya era un miserable; un despreciable rufián que engañaba, cuando era un autentico y honrado explorador (sobre todo cuando aún no había explorado nada),un idealista patriota ,sin identificación política, consagrado a la vida científica en manos de la ambición de protagonismo de los participantes que daría al traste una de las grandes expediciones científicas de nuestro país.
Porque no hacían falta discusiones estériles; el programa de investigaciones estaba perfectamente definido y estudiado para llevar a cabo el proyecto. La mayor parte de los de los científicos y participantes estaban perfectamente seleccionados, la calidad de los equipos e instrumentos fue testado por ellos en Guinea, con un clima tropical similar, con un rendimiento optimo; de todas las manos, la expedición hubiera sido un éxito si no se hubiese parado de repente.
No había dinero para financiar una expedición que podía terminar como el rosario de la aurora.
No había dinero para financiar en un ambiente cada vez más tenso, de revuelta constante con atentados de uno y otro lado del espectro político que se radicalizaba cada día más y con disoluciones de las Cortes cada dos por tres.
España era un caos.
Mientras el Ártabro, en la dársena mas interior y visible del puerto de Valencia, se iba deteriorando, sus rojas maderas se iban blanqueando y la albura de su casco oscureciendo ante las miradas de los curiosos que se preguntaban cuando partiría a su aventura.
Ante la indiferencia de los medios, un decreto del 26 de marzo de 1936, consideraba disuelto el Patronato de la Expedición Iglesias al Amazonas y una comisión liquidadora cedió el Ártabro y su avioneta al Ministerio de Marina y al Instituto Geográfico todo el material de
geodesia,fotogrametría,topografía y geofísica y los volúmenes del estudio previo efectuado en Guinea.
Un mes antes, Iglesias, totalmente desolado e incapaz de solucionar la viabilidad del proyecto, con sus apenas 37 años, pidió el retiro militar apoyándose en la llamada "Ley Azaña", pero no se lo concedieron aduciendo que era muy valioso por su experiencia y honores concedidos.
Y entonces el Ártabro sí que zarpó, pero no para las Américas, si no para la Base de Marina de Cartagena y su avioneta voló al aeropuerto militar de San Javier.
La sublevación militar del 18 de julio de 1936 se transforma en una cruel Guerra Civil y encuentra a Iglesias en Ferrol y al Ártabro en Cartagena.
Uno se incorpora al llamado bando nacional y el otro, ya en la Marina Republicana, que no sabe qué hacer con ese barco tan raro en una guerra.
Por lo pronto a alguien se le enciende la luz, y lo transforman en buque hospital, embarcan un equipo médico y se lo quitan de en medio destinándolo a la zona de Málaga y el Estrecho.
A veces, cuando no tenía uso hospitalario, algunos oficiales lo utilizan como residencia flotante.
El 7 de febrero de 1937 los sublevados toman la ciudad de Málaga con la ayuda italiana del Corpo Truppe Volontarie y atracado en su puerto estaba nuestro buque hospital Ártabro
.
Los tripulantes, antes de dejar el barco a manos del enemigo, abren los grifos de fondo para hundirlo y cuando las tropas franquistas llegan al puerto, se lo encuentran semi sumergido y así lo dejaron hasta acabar la guerra.
Una vez terminada la guerra y como consecuencia de ella, los puertos estaban invadidos por muchos naufragios y derrelictos que había que retirar y aprovechar.
Para efectuar este trabajo se creó la CASB (Comisión de la Armada para el Salvamento Marítimo) y el reflotado Ártabro, concenientemente acondicionado, fue la base del equipo en Valencia.
En 1943, el buque fue reincorporado a la Armada que lo destinó a lo que podríamos llamar "oficios varios". Lo mismo estaba transportando los botes de una regata que acompañando una exhibición naval.
A alguien se le ocurrió destinarlo para lo que había sido creado y así se adscribió al Instituto Hidrográfico de la Marina con un nuevo nombre: Juan de la Cosa.
El nuevo buque hidrógrafo repetiría las lecturas que hicieron sus mentores en Guinea porque de esa valiosa documentación nunca se supo nada. Acaso pudiera haber servido para calentar las noches al raso de los soldados.
Francisco Iglesias, una vez terminada la guerra se incorpora al recién creado Ministerio del Aire y fue pasando de un cargo a otros hasta su jubilación.
Tras la guerra, nunca habló de sus hazañas aeronáuticas ni de su fallida expedición; sólo estaba preocupado por la ingeniería aeronáutica, de la falta de espiritualidad del mundo y el futuro de la civilización.
Durante la campaña de África, en 1925-26, le habían derribado dos veces por el fuego enemigo, había volado más de 1.500 horas, algunas consiguiendo proezas nunca antes conseguidas, otras 125 horas de vuelo las había realizado en el bando vencedor de la Guerra Civil y por todo ello ,su pecho estaba cubierto de medallas tanto extranjeras como nacionales; pero se jubiló con el grado de coronel de ingenieros aeronáuticos.
¿Por qué?
Para su estamento superior de esa época quizá hubiera pesado mucho su pasado republicano, pensamientos un poco "rojos" y con unas relaciones sentimentales para ellos equivocadas.
Murió en 1973 y tanto en su casa de Madrid como en la llamada la Toxeiriña ,se encontraron colecciones etnográficas,bibliográficas y documentales que los herederos vendieron al Estado.
El Ártabro, siguió cumpliendo misiones hasta 1975, el año que entraron en servicio dos nuevos barcos hidrógrafos el Malaspina y el Tofiño: dos por uno.
Me he enterado que en la Plaza de Armas del Arsenal de la Carraca, hay una colección de placas de astillero de barcos ya desaparecidos y entre ellas, la de nuestro Ártabro.
Estoy deseando, si me dejan, tocarla y es que uno tiene sus manías…
saludos Andrés
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