Re: Por los mares del Sur... (de Galicia)
Bueno, pues cofrades, aquí va la última entrega (por ahora) de las singladuras que voy haciendo por estos mares del sur de Galicia. Se trata de la II Xuntanza de clásicos de O Grove que celebramos el fin de semana pasado en aguas de la Ría de Arousa. Pero esto no significa que termine aquí los relatos, porque dentro de unos días tenemos la Regata de Vuelta a Rua en la misma Ría de Arousa... A este paso me la voy a conocer mejor que la de Vigo, jajaja. Vayan unos brindis porque después de la semana de agua y viento que hemos tenido, sale el sol y está muy agradable para tomarse unas birritas con los amigos.
Sábado 14 de Octubre, madrugamos para desplazarnos a O Grove. Allí hemos quedado con amigos de AGABACE para hacer una regatilla, de las de andar por casa, entre ese puerto marinero de la Ría de Arousa que celebra la fiesta gastronómica del marisco y el puerto de Escarabote en la orilla norte de esa misma ría. Tomamos el segundo café mientras se desperezan las calles y vamos encontrándonos los tripulantes de las diferentes embarcaciones que vamos a participar. Mi mujer Sila y yo vamos en el “Cassandra”, un precioso Hillyard 36 de madera. Salimos con muy poco viento los cinco veleros clásicos y aunque largamos todo el trapo, no andábamos mucho. Como salimos de puerto con bastante distancia unos de otros, nos agrupamos, más o menos, después de pasar las piedras de A Loba, antes de llegar al faro de Gildoiro Pedregoso. Nos dimos una buena ceñida, pero sin escorar mucho, el viento no llegaba a los 10 nudos. No había apenas ola, y pudimos ver a los arroaces (delfines mulares) a cierta distancia, demasiada para sacar fotos, pero siempre estimulante el verlos. Pasamos delante del islote de A Rua, una vez más (ya van tres este verano), pero siempre su silueta recortada con su faro-iglesia en lo alto nos impresiona. Según nos acercábamos a la zona de Cabío, vimos que caía el viento y que uno tras otro metíamos motor para acercarnos finalmente a Escarabote. Como ya no había mucho que hacer a bordo, sacamos unas aceitunas y un “albariño” para acompañar… (barco-bar), disfrutando de un precioso paseo soleado que ni siquiera parece que sea otoño. Entre risas y bromas, llegamos al puerto, que para la mayoría era la primera vez que recalaban. Siempre está bien descubrir un lugar nuevo, me maravillo de ver que aún me quedan tantos lugares que visitar en esta Galicia que tan bien me ha acogido…
Amarramos y nos vamos al restaurante donde habíamos quedado para comer. Por circunstancias, tardamos bastante en encontrarnos todos y ponernos a comer, pero el ambiente es estupendo. No faltan las charlas profundas entre las banalidades de cada día, y el “mencía” que nos acompaña, botella tras botella, ayuda a “entrar en calor”, que no acalorarnos con las conversaciones. Tras una buena ronda de “café de puchero”, volvemos al puerto, pero lo que vemos no se parece en nada a lo que hemos tenido por la mañana.
El viento ha subido mucho, más de 20 nudos, el cielo se ha cubierto de nubes que amenazan lluvia en cualquier momento. En esta ocasión, Sila y yo subimos a bordo del “Papa Leisson”, un estupendo Nantucket Clipper aparejado en queche y llevado por dos marineiros-pescadores de O Grove precisamente, que un poco más tarde apreciaremos muchísimo. Conocemos el barco, ya hemos navegado en él en otra ocasión, y conocemos al patrón, Javi, al que apreciamos desde hace tiempo. El tiempo está feo, verdaderamente feo, y subimos la mayor para estabilizar, pero ni pensar en volver solo a vela porque tenemos el viento por el morro… Con el motor ronroneando y la mayor a crujía, vamos saltando sobre las olas que ya salpican y mojan la cubierta y la cara de los tripulantes (y el culo también porque el agua corre por los pasillos de cubierta, los bancos de la bañera…, y no hemos cogido los trajes de agua (solo la chaqueta para no pasar frío, por si acaso) pensando que no se iba a poner de esta guisa el tiempo. Nos acercamos a Illa de Arousa para meternos entre las piedras de O Areoso y a Illa… Nadie pasa por ahí con un barco de calado (1’50 metros) si no te lo conoces como la palma de la mano. Pero Javi se gana la vida aquí, así se lo sabe mejor que cuando me levanto a oscuras al baño de noche… Vamos con todo lo que tenemos de ropa de protección puesto, porque saltan las salpicaduras casi continuamente. Al entrar al socaire de O Areoso se calma el oleaje y parece que sopla un poco menos. Me animo a ir a proa a sacar alguna foto, llevamos otro de los clásicos, el “Ayala”, un Hurley 27, a pocos metros por la proa. Aunque vamos a motor y solo con la mayor, el barco va escorado, pero no me cuesta mucho ponerme bien asentado en la proa del “Papa Leisson”. Miro por la borda y veo las rocas a unos pocos centímetros bajo el agua, distingo perfectamente las rocas y la arena… Pero todo va bien, Javi se sabe lo que hace y nos lleva por el rumbo correcto. Echo unas fotos y me vuelvo a la bañera. Acostumbrado a navegar en cata, que no escora, se me hace raro caminar por cubierta casi de rodillas, pero no me cuesta mucho moverme en el Nantucket. Navega muy bien, tiene un paso de ola muy bueno y las salpicaduras, que ahora son menos porque aquí no hay tanta ola, tienen que ser bastante grandes para que lleguen a la bañera, porque la forma que tiene la proa (de clipper), aparta el agua.
Entre lo oscuro que está por las nubes y la hora que es casi llegamos de noche a O Grove. Hay muchísimo ambiente, colas para subirse en los catamaranes de paseo por las bateas y los chiringuitos de venta de todo tipo de cosas llenos de gente. Saltamos a tierra, despedimos a nuestros amigos del “Papa Leisson” y nos vamos al coche para volver a casa y descansar. La travesía de vuelta, que ha sido emocionante y rápida comparada con la ida, nos ha machacado bastante porque como decía antes, en nuestro barco, el “Lecer Uno”, no escoramos y por lo tanto, tampoco tenemos que “aguantar” la escora con todo el cuerpo en tensión, y el movimiento es completamente distinto, mucho más “dulce” que en un monocasco. Eso no quita para que hayamos disfrutado mucho, muchísimo, de las dos singladuras tan distintas que hemos hecho hoy, ida y vuelta en barcos distintos y en condiciones de mar completamente diferentes. Tengo que agradecer especialmente a Guillermo y a toda la gente de AGABACE (Polo, Fernando, Jaime, Manolo, Javi, …) que ha hecho posible que este verano hay podido navegar tanto en tantos barcos preciosos, verdaderas joyas a flote que navegan estupendamente, y con unas gentes con las que me siento muy “conectado”. También a los amigos de la Flota de la Amistad con los que he compartido buenos momentos de navegación, charlas y cenas, especialmente para Rafa, Jesús y José Luis.
Buena proa a todos ellos y a todos los que leéis estas palabras, y mis ánimos para que donde sea que estéis, aprovechéis los momentos que la vida diaria os depare para compartirlo con la gente que más apreciéis y podáis ir descubriendo esos lugares maravillosos que a veces están a un par de millas de donde normalmente navegas y que aún no los has visto. A todos, QUE SEAIS FELICES.
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Editado por tikitaka en 20-10-2012 a las 12:05.
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