Jo**r. Estas son las cosas en las que inevitablemente pienso cada vez que el viento arrecia. ¿Me las podré quitar algún día de la cabeza?
En cuanto a la familia regatista, si mi abuelo y mi hijo fuesen como esos dos, serían mi segundo y mi tercero de a bordo...

El chaval se cuida él solito como un figura y el abuelo no pierde la compostura en ningún momento, es más, es el único que se acuerda de que, al menos, hay que tener un mínimo detalle con los rescatadores.
Ni el bigardo que va dando instrucciones ni la timonel tienen mi aprobación

pero, unas rondas por todos ellos.