Gracias y mil a ti.
Por las muchas veces que con tus historias me han acercado a casa, cuando me sentaba junto a mi jarrita de café, delante del ordenador, por la multitud de latitudes que la vida me ha llevado, para llevar algo de comer a casa.
Por los ratos de soledad, que sabiamente con tu pluma has rellenado.
Un saludo y lo dicho, cuando quieras y dónde quieras.
