Discusión: Verano del 74
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Antiguo 23-11-2012, 13:53
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Verano del 74

Resistí la tentación de mirar hacia popa al alejarme de Kasos, pues una vieja superstición marinera sostiene que nunca se regresa a aquellos lugares que has mirado mientras los dejas atrás. Y yo quiero volver a Kasos algún día. Más particularmente al islote de Armathia, al Oeste de Kasos, donde una vez, hace muchos años ya, me planteé la posibilidad de no moverme más.

Ahora tenía por la proa un montón de millas. Casi trescientas si me decidía por el Cabo Akrotiri, al sur de Chipre, y doscientas cincuenta si tiraba hacia el puertecito de Latsi, en el norte. El viento se había entablado de Noroeste y el aparente me entraba casi de través, lo que me permitía ir con todo el trapo arriba desde la salida a la puesta de Sol. Por la noche prefería reducir a mayor y trinquetilla para dormir más tranquilo.

Empezaba a pesarme la rutina. Tal vez porque no era una rutina del todo plácida al tener que mantener una buena vigilancia sobre el tráfico de mercantes, pesqueros y diversas artes de pesca de deriva. Pero pronto descubrí que, tras dejar Karpathos cuarenta millas por la popa, me había quedado solo en mitad de mi disco de horizonte. Así que me sumí de nuevo en un ritmo monástico que habría de durar un par de días con sus correspondientes noches.

El amanecer del tercer día reveló en el horizonte el perfil agreste del Cabo Akamas. Lo remonté cerca del mediodía y, como el tiempo había quedado en una brillante calma, decidí detenerme en una cala que se conoce como Blue Lagoon, a unas cinco millas al Noroeste de Latsí, cuyas aguas son de una transparencia irreal. Ya estaba en Chipre.

A menudo los viajes parecen tomar entidad propia, como si tuvieran vida en sí mismos y el viajero tan sólo fuese un organismo adicional adherido a ese existir indefinible. Y como todos los seres vivos, a veces los viajes se resisten a morir o a cambiar de aspecto. De pronto no sentía ya prisa por llegar. Lo deseaba, pero sin prisas. Así que fondeé en aquellas aguas de cristal y me concedí veinticuatro horas de nirvana. Mañana llegaría a tierra. Hoy no.

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