Hola y unas

A nosotros, en el Tomás Maestre, el caracolillo nos dio un buen susto. Voy al muelle de espera, anochecido, doy atrás y no responde. Justo al lado del punto de amarre, un cata que da una despedida de soltero, con vueltecita por el Mar Menor, lleno de gente. Cuando estoy a punto de comérmelo literalmente, consigo abrirme y rozo defensas. Atraco solo con avante y la ayuda de los marineros del puerto. En el cata, los de la fiesta estaban blancos. Por la mañana, tras comprobar que la inversora funcionaba correctamente, quitamos el caracolillo de la hélice con la espatula y se acabó el problema. Era una especie de mejillonera. Y sólo con un mes en La Manga.