Discusión: Verano del 74
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Antiguo 29-11-2012, 12:34
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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Verano del 74

Muy bien Atarip. En efecto, hay más de un Blue Lagoon en el Mediterráneo. Al menos dos: el de Malta y el de Chipre. Tal vez el de Malta (Comino) es el más mágico de los dos. Cuéntanos más...

Yo sigo con Chipre:

...Tomé un buen baño de mar, aunque el agua de mediados de mayo estaba aún un poco demasiado fría para mi gusto. Comprobé que el ancla estaba bien enterrada en la arena y, con la tranquilidad que eso me dio, me preparé una cena espléndida, tomé un par de copas de buen whisky –cosa que no me había atrevido a hacer en toda la navegación- y me fui a dormir sin despertador por primera vez en dos semanas.

La navegación en solitario es como un shock para el cerebro de los humanos contemporáneos. De pronto, al seso le desaparecen multitud de “inputs” de urgencia, como los que produce, por poner un ejemplo, la sencilla actividad de conducir un coche o, incluso, la de ser espectador de una película de intriga. Los sueños, faltos de simbología fresca, derivan enseguida hacia estímulos del pasado y codifican recuerdos de sensaciones que el consciente ha olvidado hace mucho. El paso de una disciplina estricta, no sólo en materia de horas “dormibles” sino también de pensamientos autorizables, comida asumible, planteamientos permisibles y bebidas inocuas, a la situación de moral laxa en fondeadero, también provoca un claro desajuste de los ritmos neuronales de costumbre y hace que lo onírico adquiera una calidad extraordinaria y desconocida.

Soñé el recuerdo remoto de mi madre sosteniéndome en brazos mientras me cantaba una canción de cuna de la perdida Sefarad: durme, durme mi alma doncella; durme sin ansia y dolor. Soñé sus labios de fresa y los dientes perfectos que, en la felicidad, mostraba. Soñé el recuerdo de que, con tan sólo ser, hacía feliz a quien más amaba.

Recordé el sueño de las manos de Iulia acariciando mi cuerpo de héroe imberbe; de su boca besando la piel ingenua de la vaguada que conducía de mis caderas a mi vientre.

Escuché en un eco lejano la voz áspera de mi padre, presión viva de su mano en mi brazo, al ritmo de una canción de guerra:

Nous sommes des dégourdis,
Nous sommes des lascars
Des types pas ordinaires.
Nous avons souvent notre cafard...

Y regresé a la vigilia, con el Sol ya visible, en un último sueño de grandes barcos que, cargados de contenedores, partían sin mí.

Entré, por fin, en el atestado puerto de Latsí; alquilé un coche y me dispuse a rodar hacia Famagusta con escala previa en la Nicosia turca.
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Atlántida (10-12-2012), enric rosello (05-12-2012), Gambucero (29-11-2012), jacarejack (29-11-2012), Nochero (30-11-2012)