Al final el perjudicado es el aficionado, que ve como las reglas que deberían de ser para todos igual, se aplican según interese a la organización en función de sus intereses económicos y de marketing.
Me gustaban más las carreras cuando salián los pilotos corriendo a sus bólidos desde la acera de enfrente.
Dedicado a todos aquellos que se dejaron el pellejo por dar auténtico espectáculo sobre cuatro ruedas sin más interés que la propia aventura de la velocidad.
(Aunque ésto no lo entenderán muchos traperos)