Al que le pasó eso creo que fue al Golding, pero Stamm también hablaba de condiciones muy penosas y de la dificultad de encontrar el punto de trapo justo en un mar tan caótico. Lo mismo dice Wavre hoy. Una pesadilla. Y no debe ser tan fácil: demasiado corto, te quedas como un corcho a la merced de cualquier rompiente; si vas pasado, el barco se vuelve igual de indomable y tendrá tendencia a orzar y "enfourner" (significa literalmente meter en el horno, es cuando el morro del barco se mete en la ola de delante)... no solo es inaguantable para el marino (muchos hablan del ruido infernal que hacen estas maquinas), sino que lo es también para el barco. No vayamos a ser gafes tampoco, pero 40 nudos de viento racheado sobre un mar desordenado... es el cuadro perfecto para ir fatigando el palo. Y sino...¡¡que se lo pregunten a Sam!!
Bienvenidos al Sur!

