Muere un rorcual común en La Concha, en San Sebastián.
El animal, de unos 17 metros de longitud, llevaba unos días navegando dentro de La Concha, para acabar varada en la playa y morir ayer al mediodía.
Muy delgada, se da por hecho que estuviera enferma.
Esta mañana, en la radio, oía a un representante de
AMBAR Cetáceos recordando que aunque la gente intenta ayudar, es imposible retornar ese animal al agua por personas (ayer se veía en un vídeo de
EITB a algunas personas que empujaban a la ballena para intentar meterla en el agua) y que además pueden tener enfermedades que sean trasnsmisibles a las personas, así que
lo mejor avisar a las autoridades o a los grupos de observación de cetáceos y evitar el contacto con el animal.
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Cada vez se nos hacen menos raras las ballenas, esa puede ser la buena noticia.
Y la mala es que seguimos afectándoles, hasta con cosas aparentemente inocuas (según contaba el voluntario, una ballena murió teniendo en su estómago una bola de 50 kg de plásticos, y un zifio murió por haber ingerido una bolsa, confundida con un calamar, que contenía una pila en su interior, que fue la causa de la muerte)
Queda trabajo.