Tanta pasión vivimos en la mar, que el sueño (la otra parte de la vida) no se escapa a ella.
Los cansancios son diferentes: desde la quietud y tranquilidad del fondeadero, hasta la noche dura de larga navegación, nos vamos a acostar en una entrega que hace que todos los lugares del barco nos han dado reparador descanso o cierta tortura por gran incomodidad.
Y es que ese estado de gracia de la vida que se produce cuando pones el pie abordo, es como la vida misma, pero más. Los placeres son infinitamente intensos y las penalidades muy duras. Y todo ello, bellísimo.
