
Lo de los duendecillos verdes que se aparecen y te hacen putadas es una alucinación éxtrañamente común.
No se porque, más de un navegante ha dicho que se le aparecían estos duendes

detrás de un winche.
Lo último de J.P. Dick donde deja claro que no se rinde pero asume que ya no está con el duo de las estrellas.
Este paso a nivel me inspira un sentimiento raro. Ayer estaba enfadado. Pierdes el tren por unas pocas millas. Lo encuentras injusto, porque navegas bien desde la salida. No he cometido ningún error estratégico, sufro la meteorología. Hoy lo relativizo. Da rabia, pero es así. Ahora empieza otra regata.
La presión ha bajado un poco porque ya no estás en la lucha codo a codo. Te concentras en ti y en tu barco. Recuperas energía.
El lado positivo de la situación, después de esa larga galopada a más de 20 nudos, es que puedo inspeccionar el barco por todos los rincones. ¡El demonio se esconde en los detalles! Aprovecho la ocasión para el mantenimiento y reparar pequeñas cositas de cara a la segunda mitad de la regata. He encontrado mi gran esponja natural que me permite quitar el agua de popa. En cambio, ¡no he conseguido encontrar mi fiambrera!