El patio está como siempre estuvo.
No hay náutica sin mística y si no, léase cualquiera de los relatos de solitarios recalcitrantes. Colgados como brevas o como decía el coneho: el pinzote perdío o en avanzado estado de corrosión.
Y por si algo nos faltaba, aquí no se para de beber. No, si terminaremos todos comprando el Macgregor o inundando los tractores hasta los tobillos para ponerles velas.
