Detrás del contraplacado marino y el pantoque vivo existe una verdadera filosofía: una democratización de la náutica que en Francia, al menos, debe mucho a J.J. Herbulot. Justo en reconocerlo. Empezó por el humilde Varíen y no dejó de diseñar barcos asequibles hasta su muerte. Los R.M. que tanto admiramos, tristemente no obedecen a esa idea; son diseños estupendos que explotan las ventajas de rigidez y ligereza de la construcción en contraplacado, con superestructuras de poliéster. Lamentablemente, no son baratos.
http://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Jacques_Herbulot
Prueba de la vigencia de las teorías de Herbulot es que cientos de sus diseños, construidos en garajes y jardines, siguen navegando. Hace un par de semanas, por ejemplo, recaló en nuestra bahía un francés en un Brick a punto de cumplir la cincuentena.
http://brickherbulot.free.fr/body_index.html
No llevaba enrollador, ni siquiera motor. Se las apañaba con una chumacera en popa y un remo para bogar “a la godille”. Se refugió en los canales que deja la marea al este de la bahía. En una de sus escapadas a tierra en un dinghy minúsculo le convencimos de que se refugiase en la marina durante el temporal. Pasó dos noches en el muelle de espera, antes de recobrar su libertad: aguas someras para las escalas y fondeos. Lo chocante era ver su barco de madera, venido directamente de La Rochelle a través de un mar a veces imposible, en comparación con la flamante flota de barcos grandes y pertrechado a la última que, cada temporada se confirma, nunca navegarán lejos. Su patrones arqueaban las cejas al mirar el pequeño Brick y el francés, taciturno y reservado, emitía su propio juicio.
Iba hacia el oeste. Si alguien se lo tropieza, que le eche una mano. Un barco pintado de amarillo, tosco, tozudo y fiel a sus orígenes. Buena suerte para él y

para todos.