El periodo de la transición española a la democracia fué, también, una época de desmitificación saludabilísima de nuestra historia y mitología patria.
Pocos pueblos han tenido esta oportunidad de autocrítica y discusión ética del imaginario patriótico colectivo.
Soy de aquellos que creen que un sentimiento basado en informaciones demasiado sesgadas o triunfalistas es un sentimiento vacuo e improductivo.
A partir de ahí creo que se puede volver a una valoración de aquello que fueron, al menos, empresas sorprendentes, juzgándolas con toda la severidad que haga falta, pero sin caer en simplezas como las de usar baremos actuales o "sentencias de catecismo" elaboradas por competidores...
Al igual que echo a faltar otras desmitificaciones (como las de las "pequeñas historias"), creo que ahora, como sociedad curada de patrioterismos, estamos en disposición de dar una nueva mirada a la historia, apreciándola en lo que valga, de una forma que sea crítica, pero sin "adhesiones inquebrantables" ni "rechazos categóricos"...
