Muy buenas y frescas
Me sumo a la mayoría; En tiempos se decía que el motor eterno era el del coche del lechero... unos pocos kilómetros al día, pero todos los días.
Aunque el uso anual de un motor marino de recreo - y más el de un velero-, no se puede comparar con el de un automóvil (salvo afortunados y profesionales), a cambio los largos periodos de parada son devastadores: La corrosión es mucho mayor, la formación de depósitos también, los contactos eléctricos se oxidan más, se forma moco en los filtros, las gomas pierden elasticidad o se agrietan, los plásticos cristalizan, etc. No digamos si en algún punto hay contacto con el agua salada o si se van los ánodos. Muchos mecánicos sostienen que esa liviana capa que se forma con algo de lubricante, gases de combustión etc --sin pasarse eh!-- proporciona al motor , o al menos a muchos de sus elementos, más protección que llevarlos totalmente petroleados.
En los veleros que navegan a vela (alguno hay), se da la circunstancia añadida de que las pocas horas en las que funciona el motor al año casi nunca llega a alcanzar temperatura de servicio, por lo que la lubricación no es tan perfecta, hay mayor transferencia de gases al cárter y en definitiva una degradación del lubricante "por milla navegada" algo prematura. También mayor formación de carbonilla ...y puñetitas varias de ese estilo.
Por todo eso entiendo que al menos una revisión anual (verificada con cariño por el dueño p.ej, antes de empezar la temporada) viene de maravilla para evitar que esos pequeños problemas se acrecienten. El costo no es significativo si se lo hace uno, alarga la vida del motor, nos da mayor conocimienbto y compenetración con la maquinola y puede evitar un susto o una avería grave.
Leches, vaya ladrillo!
