https://picasaweb.google.com/lh/phot...eat=directlink
Este barco fue utilizado durante las guerras napoleónicas por el corsario francés Robert Surcouf (1773-1827). Es una balandra (cutter robado a los ingleses) armada con 10 carronadas. La maqueta es de la marca Artesania Latina a escala 1:50. Su eslora máxima (hasta el extremo del bauprés) era de alrededor de 30 metros, con una sola asta, de 70 toneladas de corte y una tripulación de 46 hombres. Como en las guerras navales contra los ingleses casi nadie se ha comido nunca una rosca, se le dedicó a la guerra del corso contra el tráfico comercial británico en el Oceano Índico, donde obtuvo sustanciosas capturas y más de un hundimiento notable del enemigo. Dicho sea de paso y para fijar diferencias, por pirata suele designarse al ladrón que roba en cualquier mar. Corsario, sin embargo, es aquel pirata que roba en una embarcación armada, con patente o permiso de su gobierno (carta de marca o patente de corso). Más o menos como ahora, pero disimulando menos. Surcouf, un verdadero héroe en su país (hasta le pusieron su nombre a cinco naves en su honor) tiene una biografía apasionante de la que me ha llamado la atención una anécdota que se le atribuye en una conversación con un oficial inglés apresado:
-En el fondo, lo que nos distingue a los Británicos de ustedes los Franceses, es que nosotros nos batimos por el honor y vosotros por el dinero.
-Pues si, cada uno se bate por lo que le hace falta. -le contestó el corsario-
Una vez acabado, me permito la osadía de intentar colocar un enlace a Youtube, donde aparece Le Renard haciéndose medio strip y enseñando los defectos que tiene muchos, si lo sabré yo o, como dice mi tocayo, son asuntos de lo que mejor ni hablar. Lo cierto es que montar la arboladura es un auténtico peñazo por mucho nudo marinero que uno recuerde dada la agudeza visual y el pulso firme que se requieren para meter tres cabos de ida y vuelta por un acollador de cuatro milímetros. Eso sí, con tanta piececita suelta he tomado una cultura naval con más peso específico del que necesitaba a base de ir intercalando nombres con la colocación de motones y cuadernales a diestro y siniestro. Prueba de ello (lo de la cultura) es que en estos momentos soy totalmente capaz de tirarme el moco citando los nombres de las siete velas de este barco: fofoque, contrafoque, trinquetilla, juanete, gavia, trinqueta y cangreja. Aparte de los defectos de la nave, casi me jorobé el reportaje fotográfico al descargar las tomas al ordenador. Empleé para ello el LightRoom o se metió entre medias y me las dejó escuálidas, casi sin peso. La moraleja aprendida es que tengo que comprobar antes de borrar las memorias de las cámaras. Por ello, en este caso no recomendaré ver el vídeo en pantalla completa pero sí lo clásico de usar cascos para la música de fondo que es una de mis piezas favoritas de Serrat.
La próxima estación se llamará Pilar. No la Esperanza de Manu Chao, sino la Pilar de Hemingway. Si me quito el trabajo de las velas me esmeraré más en el casco. Como ya dije, no es lo mismo un pirata que un corsario aunque se parezcan.
Ostras, el vídeo, que se me olvidaba. Y puede verse en HD, dicho sea de paso:
http://youtu.be/8JaxW-V9E_c