Uno para rellenar:
Se compró una Harley de las gordas y el vendedor le regalo un tubo de vaselina, aconsejándole que tuviera bien cuidados los cromados de la misma.
Para celebrarlo, la novia le invitó a cenar en su casa y cuando llegó vió montañas y montañas de platos sucios. Le explicó la novia que en su casa era costumbre que durante las comidas no se hablara nada y el que lo hacía se cargaba la tarea de fregar los platos.
A mitad de la cena y por fastidiar, empezó por besar y acariciar a la novia, y, como vio que nadie decía nada, allí mismo le hizo el amor.
Al ver que la suegra estaba de buen ver, la tumbó sobre la mesa y continuó con ella, pero... en ese momento se dio cuenta de que había empezado a llover.
Entonces sacó el tubo de vaselina para salir a untar los cromados de la moto y el suegro al verlo con la vaselina en la mano se levantó de la mesa diciendo:
Vale, hijoputa,
yo fregaré los platos.


