Jabeque, lo más saludable para la mente y el corazón es desengañarse cuanto antes. Tenemos la vela que nos merecemos, tan vinculada al esplendor del ladrillo y su secuela en forma de puertos deportivos, que aspirar a otra cosa se me antoja imposible. Nunca ha habido otra filosofía en este país: hacerse rico deprisa y exhibirlo. Sucede con otros deportes, ahogados en sus bases por el mastodonte del futbol. La picaresca sin cultura forma parte de nuestro carácter. Nuestro querido Duque, tan en entredicho estos días, alardeaba hace poco de sus logros a favor de la vela balear. Siempre me pregunto qué habría sido de la vela, en general, si reyes, famosillos y demás, hubiesen preferido volar en globo en vez de soltar amarras en un puerto vistoso, con seguridad en la entrada. Es triste, desde luego. Muchos cofrades de esta Taberna sacrificamos todo por mantener la ilusión de un barco. Empeorará, seguro. Un mal tiempo permanente, con los pocos resquicios de sol que la decencia de algunos pueda conseguir.
Mientras tanto, a la espera de que escampe,
