Tienes razón en los matices, Jabeque: aunque alguien lo quiera ver de otra manera, no es un asunto político, sino ético y, por supuesto, náutico. Inevitablemente, los daños colaterales los sufre el lado más débil de nuestro pobre sector náutico: las esloras menudas que no llaman la atención y que, salvo excepciones, jamás van a tener la falsa repercusión de un desafío multimillonario o las regatas con (y perdón por la insistencia) monarcas y banqueros a bordo.
