Padre, admiro tu entereza, seguir adelante aún cuando, casi todas las esperanzas están perdidas. No quiero pensar lo difícil que debe ser levantarse cada mañana y seguir teniendo ganas de pelear con esta puñetera vida...
No, no me gustaría nada estar en tu piel, debe ser demasiado doloroso.
Sólo podemos acompañarte y ofrecerte lo que necesites desde este lugar, que en estos momentos me resulta tan frio, por la maldita impotencia.
Un abrazo muy fuerte, y como dice mi compañera Atlántida, estamos a tu lado, escuchándote siempre que lo necesites,
