Obtener un título para llevar un barco: una carrera de obstaculos.
Manejar un sextante: alquimia solo apta para iniciados.
Legalizar un barco hipersólido, hiperestudiado: mil revisiones y mil problemas.
La burocracia náutica española debe ser de las más rancias del mundo (ha tenido siglos para llegar a donde está ahora mismo), y la mentalidad de mucha de la gente que pasa por su trituradora es la misma: te putean en la mili por novato y al año y medio acabas puteando a los que llegan...
Así nos va, es raro encontrar a un navegante español por el mundo...Los astilleros españoles, con contadas honrosas excepciones, no pasan más allá de fusilar el casco que está de moda...las participaciones en regata son mínimas y recurriendo a "afamados" técnicos extranjeros...¿queda algo ahora mismo?
No digo que todo sea liso y llano. Aunque estadisticamente está claro que es más peligroso coger un coche el sábado por la noche que cruzar el Atlantico, hay que reconocer que de 100 personas que tienen un proyecto como el de Victoria, solo 10 llegan a salir, y de esas 10 al menos 5 abandonan en Canarias y solo una realmente consigue lo que se proponía.
Los malecones llenos de delfines dibujados y puestas de sol desembocan en muchos malos rollos, cabreos, averías demasiado difíciles de resolver, barcos vendidos a precio irrisorio..El mar es exigente, duro, creo hay que tener más valentía llevando a una familia por donde va todo el mundo que yendo en solitario por la ruta más peligrosa, pero también hay que tener valentía para aguantar un trabajo en una sociedad repleta de chorizos y amiguismo, y para aguantar la rutina de una vida aséptica e insípida con la esperanza de vida marcada en 78 años, 3 meses y un día.
Iros, dad el primer paso que los demás salen solos, romped con las cadenas, eso es lo difícil, si cuando estéis sin ellas os dáis cuenta de que las necesitáis volved atrás, pero no creo que lo hagáis, la vida está fuera, en la naturaleza...




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