Diversificarse... Es que ¡¡ no queda otra!!
Seguro que iremos reconociendo caras conocidas en muchos circuitos...
Un artículo sobre Tanguy, me ha gustado porque creo que refleja un poco las sensaciones que muchos pudieron sentir en el momento de su llegada en LSO.
El autor del
blog reconoce que a veces no llegó a empatizar con los mensajes de sus trasmisiones, sus vídeos, su robot... un poco como si al hacerse sistemáticamente portavoz de su misión, a Tanguy se le hubiese diluido la propia voz.
Lo cuenta así... y creo que vale la pena compartirlo:
El profundo respeto que siento por Tanguy acabó por teñirse de escepticismo. Quizá sea porque soy un poco idiota y que se me había olvidado que lo soy. Idiota. Quiza sea porque había olvidado que lo que dice el comunicador no es lo que piensa el hombre. Quizá sea un poco porque con tanto jugar su papel de portavoz, a Tanguy se le apagó la voz. Error de lectura, de perspectiva, sin duda, pero tenía la sensación que con tanto mezclar el azul de su sangre con el rojo del corazón que llevaba en sus velas, Tanguy se había traicionado a si mismo.
Sí... pero no. Hizo falta una llegada en el canal para realizar que Tanguy había completado, al igual que los que le precedieron y que el que le seguirá, una vuelta al mundo por los tres cabos. Y que había vivido así la misma historia de deporte y aventura, las mismas locuras físicas y problemas técnicos, los mismos miedos y las mismas victorias sobre sí mismo.
Hizo falta un aterrizaje protocolario en el pantalán de Los Sables para entender el sentido profundo de su generosidad y la de los que le acompañaron en su proyecto. Al final, de algo sirve el protocolo: enmarca un destino. Hubo niños salvados y hizo falta que Tanguy compartiera físicamente su alegría para que dejásemos de pensar en todos los que no lo serían. Salvados. Porque, al final, nuestras pequeñas sociedades son tan viciadas por el individualismo, el poder, la indiferencia que fue necesaria la alianza entre un trotamundo, un patrocinador implicado, una asociación con compromiso y la organización de un circo muy parlanchín, forzosamente parlanchín, para que quince o dieciocho niños escaparan de una muerte segura.
Y entiendo mejor ahora porque Tanquy, durante tres meses, se olvidó de hablar de sí mismo (y eso era lo que a mí me molestaba): se iba por algo más grande que él mismo. Y vuelve de ello hecho un excelente marino y un hombre fuera de lo común.


