
13-03-2013, 11:03
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Corsario
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Re: Crónica de una visita

Aquí estamos en la puerta de visitas del Panteón de Marinos Ilustres con el guía Sergio Torrecillas en la puerta.
No voy a hablar en sí del Panteón, he entrado en el buscador y tenemos suficiente información, es más últimamente Islanautica y VicMAna nos aportaron fotos, vídeos y direcciones de internet suficientes; voy a hablar de la revista del Panteón de la mano del guía.
No os podéis imaginar lo es esta visita explicada por él.
Merece la pena el viaje sólo por eso.
Es raro encontrarse hoy día a alguien que te alegre el día hablando de historia, porque repasa la vida de muchos de los personajes que están enterrados allí o tienen una placa conmemorativa y que fueron los que jugaron el primer papel en el teatro nacional de su tiempo.
Siempre se ha dicho que los gaditanos son muy graciosos; con un cachondeo y una agudeza chistosa fuera de lo normal.
Yo no lo creo. He vivido en Cádiz de estudiante y considero que ese age te lo puedes encontrar en cualquier parte de Andalucía.
Gente esaboría y malage las hay a porrillo en Cádiz pero la diferencia es que las hay menos que en otro sitio porque ,como en todo siempre, hay una escala y el sublime es el que puede contagiar al colectivo y así uno con age "enseña" como se regatea una frase para marcar ese inesperado gol antológico del descojone.
Unos lo hacen aprendido que son los que están condecorados con el gracioso de turno que se marcan dos o tres ocurrencias y otros, como Sergio, tienen esa genética precisa que identifica la guasa gaditana y que a nosotros nos hizo que la visita al Panteón te pasase en un vuelo.
Cuando nos sentamos en los primeros bancos de la magnífica nave central contemplando la blanca y roja escalinata que conduce a un altar sobre una especie de camarote de un buque culminado con la imagen de la Virgen del Carmen en un hermoso contexto entre barroco y neoclásico ,comienzan sus explicaciones sobre la historia del lugar, que en principio fue iglesia, y de su construcción en tiempo de Carlos III.
No nos hace mirar ,de comienzo, hacia arriba donde existe una magnífica e iluminada cúpula decorada con frescos de buques navegando y que está colocada en el crucero de las tres naves sobre unas pechinas donde nos miran los cuatro evangelistas en centro de la cual pende una impresionante lámpara votiva de latón recubierto de plata de unos 500 kilos de peso, sino hacia abajo, donde está él, donde hay una moqueta roja que cubre la entrada a la cripta donde reposan los restos de algunos héroes de pretéritas batallas navales.
Ante nuestra extrañeza, explica este discapacitado capilar, que cuando le caiga la lámpara encima no mancharía el suelo y sería fácil recogerlo.
Ahí me dí cuenta que esa visita no sería el plomizo recuento de fechas y el monótono recitar del libro aprendido.
Después fuimos recorriendo una tras otro las lápidas conmemorativas, las tumbas y los cenotafios explicando la vida y milagros de los finados aderezados con esa clave de humor gaditana.
¿Será melón? … ¿Será sandía? , preguntaba con ese tono profundo de vida o de muerte, propio del lacio caricato gaditano, ante la tumba de Jorge Juan cuando comentaba la medición de arco del meridiano junto con Antonio de Ulloa con objeto de averiguar la verdadera figura de la tierra.
Y así ibamos recorriendo los 44 mausoleos, túmulos, sarcófagos y las 53 lápidas funerarias que salpicaban las naves laterales dedicándoles a sus historias de la historia la parte humorística correspondiente como el dedito del de Santiago de Liniers, argentino e ilustre capitán de navío de la Armada Española o el half man de Blas de Lezo que como sabéis era cojo, manco y tuerto pero "no con todo en el mismo lado, por supuesto, porque iba alternando" o los restos de Doña Frasquita,la única mujer allí enterrada porque sus huesas estaban arrebujados con de su marido el insigne Francisco Javier Uriarte y Borja y no se sabía a quién pertenecían o la tumba del "torero" como lo llamó el enterrador cuando vio al finado envuelto con su uniforme con charreteras, chaquetilla con chorreras y un sable en la mano
o ¡Gravina! con su vino o la tumba descocada donde aparece un conjunto alegórico en mármol de muy buena factura donde una mujer, llora la muerte del alférez D. José Maria Lazaga y Ruiz, lo que pasa es que la mujer tiene el pecho descubierto y hubo que taparlo varios años cuando ofendió los castos ojos de un obispo visitante durante la dictadura.
Cuando desgranaba las historias de foráneos siempre preguntaba ¿Hay por aquí algún argentino o italiano o inglés o que te voy a decir, Gallego? E invariablemente el cofrade Don Armano levantaba la mano… en fin una guasa.
Más tarde salimos al elíptico vestíbulo exterior con la sobria y monumental portada neoclásica, por cierto masona como muchos otros detalles del interior, pero de configuración barroca ya que se alza como pantalla visual al cuerpo del inmueble y ante los dos cañones de 36 libras que pertenecían a nuestro buque insignia en Trafalgar el Santísima Trinidad y que fueron recatados de las profundidades de las costas del Retín en 1982, nos contó su versión de la muerte de Nelson que salió a la batalla con las medallas tamaño "huevo frito chuleándose por el puente… como para no ser un blanco perfecto… encima le sonó el móvil"… en fin para qué seguir.
Después pasamos otra vez al interior y pasamos por detrás del altar al cornamiento del crucero y nos encontramos una sala estremecedora que homenajea a los marinos cuyos restos no reposan en el Panteón.
En el techo, en un casquete esférico cubriendo el linternón, hay pintada una Gloria Naval donde pueden verse angelotes y las Virtudes portando símbolos marineros junto a un círculo con los nombres de los barcos y una Fama que lleva en sus manos una corona de laurel.
Todo esto se refleja en un redondo estanque azul en el suelo rodeado de un círculo de escalones que bajamos con cuidado para poder ver el reflejo.
En el centro de sus quietas aguas flota una corona de laurel.
Tradicionalmente, el Juan Sebastián Elcano en sus viajes de instrucción recoge aguade todos los mares y cuando regresa de nuevo a La Carraca la vierte sobre este estanque en memoria de los caídos.
Impresiona el espacio porque en las paredes del lapidario hay dos enormes cuadros de mármol negro en lo que sin grafía, recuerda a los anónimos y al fondo, debajo de Neptuno y Minerva está el crucificado Cristo de los Mareantes que se dice que es copia del "Cachorro" pero que fijándose bien lo es en realidad del Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes de Sevilla.
Completa el conjunto una gran arcón funerario que simboliza a los marineros que descansan bajo tierra.
Después visitamos una de las dos capillas de las que parten secretos túneles a diversos lugares y al fin finalizamos inscribiéndonos en el libro de visitas.
Después de salir de complejo nos dirigimos, rumbo a La Carraca, al Puerto Deportivo Puente de Hierro donde almorzamos.
Esperamos que clarease el día charlando de nuestras cosas…
Un gran día.
P.S.. Como en las fotos salen los cofrades, si alguno sale demasiado feo o fea que me lo diga e inmediatamente la quito
Saludos Andrés
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Editado por anboro en 14-03-2013 a las 08:36.
Razón: Elininar DNI del registro de entradas al Panteón
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